¿Se creó Castilla y León en el siglo XIII?

25 oct 2006 0 comentarios

En las últimas semanas se ha acrecentado la polémica en torno a los libros de texto de Geografía e Historia de Primaria y Secundaria empleados en los colegios de la Comunidad. Muchos son los grupos políticos como la UPL y las organizaciones como Promonumenta que han denunciado públicamente una redacción «tendenciosa» de la parte de la historia de Castilla y León que afecta al nacimiento y evolución del reino de León y la importancia que éste tiene en la historia. Concretamente son tres las editoriales que están en el punto de mira de la crítica y que son las que más se están utilizando en los centros escolares.Los manuales de Anaya, Santillana y Oxford son los más empleados en la enseñanza obligatoria de los niños de entre 12 y 14 años. Ante los diversos análisis y estudios presentados por grupos como Conceyu Xoven EL MUNDO / LA CRÓNICA ha elaborado un estudio propio para analiza qué hay de verdad y de mentira en la tan denunciada manipulación de los libros.

Las principales conclusiones a las que ha podido llegar este periódica es que es evidente un incorrecto empleo de conceptos pertenecientes a la historia contemporánea para referirse a realidades históricas de hace más de diez siglos. De esta forma y siguiendo los términos empleados por los manuales, en los que las tres editoriales coinciden, los textos hacen referencia a las relaciones y sistemas administrativos de Castilla y León en los siglos XII y XIII, por ejemplo, cuando sobra decir que en aquella época ni siquiera se vislumbraba ni el más mínimo rastro de un concepto de la Comunidad como tal.

Así mismo, otro de los conceptos que reiteran los libros y que ha suscitado polémicas es la muestra de la historia de Castilla y León bajo un concepto prefabricado e inexistente de unidad entre los dos reinos desde la Edad Media. Así, al referirse a los periodos en los que los reinos de León y Castilla mantuvieron una unión conceptual entre los siglos X y XII, no tanto en materias de administración o economía aunque sí bajo el mismo monarca, los textos emplean términos como «unificación definitiva» o «reino de Castilla y León». Desde este aspecto, si Castilla y León se unificó definitivamente en el siglo X no se podrá explicar por tanto en cursos sucesivos por qué durante el franquismo formaban dos regiones distintas y para qué sirvió entonces la creación de las comunidades autónomas en 1983.

Los gráficos e ilustraciones incluidas en los libros también pueden levantar sospecha en cuanto a la manipulación de la historia en el sentido de que muchos de ellos se centran en explicar la historia de Castilla y León como un territorio abocado a su unión y no como la historia de dos territorios que tuvieron actuaciones completamente independientes y en la que es evidente, moleste a quién moleste, que la supremacía del Reino de León siempre existió.

La omisión de datos relevantes para la historia de León también repercute en una visión distorsionada de la historia de la actual Comunidad de Castilla y León. Así, engloban el «destacado carlismo» de la Comunidad, cuando León sobre todo fue una fuerza liberal muy importante o se refieren a la importancia energética de la Comunidad en general cuando León es la provincia que más recursos generó. La escasa importancia que dedican los textos a las Cortes de León teniendo en cuenta lo que supusieron para la historia, es una más que clara señal del interés, o al menos es el resultado, por ‘ahogar’ la historia de León.

Estos y otros muchos ejemplos encontrados en los libros son muestra evidente, y suficiente, de que en las aulas se está incurriendo, al margen absoluto de los intereses políticos o de otro tipo que distintos grupos puedan o no estar buscando con este tema, en una distorsión de la historia de la actual Comunidad.

Algunos de los errores señalados requieren conocimientos históricos demasiado amplios como para detectarlos a primera vista y otros muchos dan lugar a dudas en cuanto a si son intencionados o si permiten doble interpretación. Lo que es evidente es que los libros analizados tratan de adaptar la historia de hace siglos a una realidad de ahora. Se trata de explicar los diferentes pasos y actuaciones realizadas por las regiones de España en la historia hasta llegar al día de hoy, nunca puede ser al revés.

Más de 20 errores en seis ejemplares

CARLOS DEL RIEGO

LEÓN.— El estudio realizado por este periódico se ha centrado en los libros de segundo y cuarto de Secundaria de Geografía e Historia de Anaya, Santillana y Oxford se han encontrado errores por fechas inexactas, supresión de contenidos o tergiversaciones de hechos ocurridos. Algunos de los más llamativos se destacan a continuación.

Geografía e Historia. Santillana, 2º ESO

A lo largo de todo este libro se habla de Castilla y León independientemente de la época a que se refiere. Por ejemplo, en la página ocho aparece «los germanos (se refiere a la invasión de los bárbaros en s IV, V…) se asentaron en nuestra Comunidad». No existía tal comunidad. Es como decir: «Cuando llegaron los europeos a Nueva York en el año 1600…».

También señala muchas veces Castilla cuando en realidad debería decir León y Castilla o Castilla y León.

En la página diez el texto afirma que «Con ellos (refiriéndose a Fernando III y Alfonso X) Castilla se consolidó definitivamente como reino». En realidad, el reino era el de León y Castilla.

Historia Castilla y León. Santillana, 4º ESO

A lo largo del todo el libro se insiste en hablar de Castilla y León como si fuera entidad existente en el pasado. Por ejemplo, en la página cuatro afirma que «Castilla y León participó en la conquista y organización de América». Es como decir que en tiempos de los aztecas, México tenía subyugados a los estados del sur de Estados Unidos.

En la primera página dice: «En 1978 (…) los castellano-leoneses eligieron para reclamar su autonomía…». La autonomía de Castilla y León se establece en 1983, por tanto no podía haber castellano-leoneses, habría castellanos y leoneses. Este error o tergiversación se repite a lo largo de todos los textos de Santillana.

«Valladolid era casi la capital del Estado. Desde 1489 en ella se estableció la Chancillería…». Esta frase aparece en la segunda página. O se es o no se es capital, no se puede ser ‘casi’ capital. Además, en ese año no existe Estado. Además la Chancillería es sólo un tribunal (según Ordenanzas de Medina del Campo de ese año), que es la máxima instancia judicial de la Corona de Castilla, no de ningún Estado.

Otra de las frases incluidas en la página ocho afirma: «Las actuales provincias castellano-leonesas se definieron en 1833 por Javier de Burgos». En realidad, Javier de Burgos separa la región de Castilla la Vieja de la región de León, ésta con León, Zamora y Salamanca.

Ciencias Sociales. Monografía Castilla y León. Oxford, 2º Secundaria.

En la página 22 dice «La unión definitiva de Castilla y León: la corona de Castilla». Se refiere a la unión de 1230 propiciada por Fernando III. Pero tal unión no es definitiva, pues siglos más tarde (concretamente en 1822) las dos regiones volverán a ser entidades totalmente separadas, por tanto no hay unión definitiva.

Geografía e Historia. Castilla y León. Anaya, 2º Secundaria

En la página 215 se muestra un mapa que no es correcto, pues dice «Mapa de Castilla y León entre los siglos VIII y XI», y muestra separación entre el reino de León y el condado de Castilla. Sin embargo no hay noticia de la existencia del condado de Castilla hasta bien entrado el siglo IX. Además, las fronteras se movieron mucho en los siglos VIII, IX, X y XI.

Historia. Ciencias Sociales. Anaya, 4º Secundaria

En la página 165 dice «A partir de 1856 la comunidad…» No existía tal comunidad, sino que existía Castilla la Nueva y existía León como entidades separadas. Más adelante añade «Es de destacar el surgimiento de cierto sentimiento regionalista castellano, animado por El Norte de Castilla y el Pacto Federal Castellano». Dicho pacto sólo tuvo repercusión en Valladolid y muy escasa o nula en el resto de las provincias por lo que ese sentimiento sólo se produjo en Valladolid.

En la página 287 afirma «El despertar de una conciencia regional castellano-leonesa se manifestó desde el principio de la transición». En León jamás existió tal conciencia. La prueba es la escasa presencia de leoneses en la fiesta de Villalar, prácticamente nula en la actualidad.

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