Al campo hay que darle valor

16 abr 2006 0 comentarios

Las mujeres del medio rural dudan de la efectividad de las medidas dispuestas contra la despoblación y piden políticas que acaben con el desprestigio que padece el mundo agrario.El medio rural leonés no esconde sus dudas sobre el resultado de las políticas que anuncian fórmulas para asentar población en los pueblos leoneses. Cada vez más reducido, acorralado por las falta de expectativas y la pérdida de competitividad, el sector agrario de la provincia va camino de convertirse en un mero porcentaje residual en la pirámide poblacional. Igual de escépticas se muestran las mujeres leonesas que mantienen algún tipo de actividad económica relacionada con este ámbito. Ni las promesas de políticas discriminatorias alientan a cambiar el color del futuro. «Se ha perdido una generación entera, la gente huye del campo; y eso no se para porque a alguien se le ocurra subvencionar parte de los impuestos», vaticina una de las cuatro mujeres que aportan su experiencia al debate. Eso, sin entrar en las circunstancias de los servicios, la atención socio sanitaria o la educación de los hijos.

Otra opinión, movida por el realismo: «Yo soy la primera que les dice a mis hijos que se busquen otra salida lejos del campo». Avelina Vidal

Agricultora. (Villar de Mazarife)

Trabaja junto a su marido una explotación extensiva de regadío. Y echa la vista atrás para recordar que el problema de la desbandada del campo ni es nuevo ni ha encontrado soluciones a lo largo de más de dos décadas de olvido. «Siempre se le han negado las cosas. Siempre se le ha arrinconado. Y lo esencial es darle valores, independientemente de las soluciones económicas que quieran aportar. Hay que saber valorar lo que tenemos. Nosotros, pero también la sociedad, comenzando por los políticos», apunta Avelina Vidal, en alusión a la consideración que tiene el medio de vida agrícola en otros países europeos.

Desde la base de que la mujer es imprescindible para asentar población en el campo, esta agricultora no está segura de que las políticas discriminatorias sean del todo efectivas para cortar las caídas continuas de activos en el campo, y de emigración de jóvenes. «Yo no sé hasta que punto condicionarían para que la gente se quedase. El trabajo en el campo es común. No puede hacerlo uno solo», dice sobre las ayudas que, a cuentagotas, comienzan a discernir si el beneficiario es mujer (el 10% a mayores en las subvenciones, por ejemplo). El paso de desterrar los perjuicios que carcomen la imagen del campesinado se da por necesario. «Es preciso que se acabe con esa consideración del que en los pueblos se queda a trabajar el que no vale para otra cosa. Para este trabajo se necesita vocación. Es duro y te tiene que gustar. Pero debes valer, para labrar, para sembrar. Hay que acabar con eso que nos inculcaron de que había que irse porque esto no valía», concluye Avelina. Marisol García

Horticultora (Fresno de la Vega)

«Me parece que no hay futuro; se ganaba más hace diez años que ahora. Está complicado; bueno, está muy mal», describe Marisol García, que habla por la experiencia de su dedicación a la horticultura en la Vega del Esla, y la transformación del producto antes de intentar colocarlo en el mercado. Lo que parece corriente en zonas avanzadas, como La Rioja o Navarra, es de pioneros en una provincia inmersa en graves retrocesos económicos que también se aprecian en el campo. «Estas subvenciones que se anuncian ahora, las ayudas para incentivar una actividad económica en el mundo rural, deberían haber llegado hace años y con arreglo a otros criterios. Realmente, a quien le hace falta, porque en muchos casos eso no repercute en el desarrollo rural», indica Marisol García, que apunta la necesidad de trasladar al campo la misma agilidad que se aporta en otros sectores económicos. «Haría falta una ventanilla única, menos trabas». Y, aún así, -apuesta- faltarían recursos para detener a la población en el campo. «Es que los jóvenes no es que se vayan sólo de los pueblos, es que se van hasta de León. Ya sabemos lo que queda: los pueblos, para pasar parte de las vacaciones o con algo de vida los fines de semana». Y otra consecuencia que agranda el desánimo: «Los servicios que existen ahora se van a ir con la población». Rosa Fernández

Ganadera (Puebla de Lillo)

La explotación ganadera de vacuno que lleva junto a su marido en la montaña leonesa se acerca a las doscientas cabezas. «Esto requiere una dedicación continua, te ha de gustar porque es muy sacrificado», indicó al recibir un galardón de manos de la ministra de Agricultura que le había concedido el sindicato Ugal. Rosa Fernández defiende el papel de la mujer en la economía rural, «somos las que más trabajamos en las familias, no sólo en esta profesión, en todas», y anima a que se acerquen los servicios al mundo rural. «La gente que habla de forma despectiva de los habitantes de los pueblos no sabe bien de qué habla». Rosa Gallego

Agricultora (Villarejo)

Las ayudas y discriminación positiva parecen poca solución para Rosa Gallego: «Yo preferiría que nos pagaran más por el fruto y que nos dieran el valor justo al trabajo en vez de todas las ayudas que prometen», dice mientras reconoce que el consejo más valioso que aporta a sus tres hijos, así las cosas, es que busquen otra dedicación. «Con todo el dolor de mi corazón, le digo a mis hijos que no se queden en el campo». Rosa Gallego reivindica el valor del trabajo en el campo, escasamente reconocido. «Sobran intermediarios; sería una buena medida política para favorecer a los agricultores que hasta ahora sólo podemos trabajar más para ganar lo mismo».

«El trabajo del campo es común; no lo hace una persona sola, no depende de dos manos»

«Se debe acabar con los prejuicios de que el que se queda es que no vale para otra cosa»

«El problema no es sólo que los jóvenes se van del pueblo; es que se van de León»

«Los pocos servicios de ahora están condenados a desaparecer; se van a ir con la población»

«Con todo el dolor de mi corazón, yo misma les digo a mis hijos que se busquen otra salida»

«En vez de ayudas, prefiero que se valore con justicia el precio del fruto de la tierra»

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