ALFONSO JORDÁN, EL NIETO DE ALFONSO VI QUE FUE CONDE DE TOLOSA Y MARQUÉS DE PROVENZA

15 nov 2013 0 comentarios

Hace algún tiempo os hablaba de Elvira de León, una hija de Alfonso VI que llegó a ser reina de Sicilia.  Hoy os quiero hablar de Alfonso Jordán, hijo de la otra Elvira que también fue hija de Alfonso VI. Por alguna razón, es un personaje prácticamente desconocido en nuestra tierra (ni siquiera tiene una entrada propia en la Wikipedia en español), a pesar de que aquí realizó buena parte de su actividad política y militar, y de que tuvo una vida digna de una película de Hollywood: nació en Tierra Santa durante la Primera Cruzada, llegó a ser señor del sur de Francia, destacó como valiente y osado caballero, y fue un aliado inestimable para su primo Alfonso VII.
Sus padres: Elvira y Raimundo IV.

Elvira Alfónsez (mal llamada hasta hace poco “Elvira de Castilla”, ya que nunca aparece con semejante apelativo en las fuentes de la época), era hija ilegítima de Alfonso VI y su amante o concubina Jimena Muñoz, una noble berciana que prácticamente tuvo la consideración de esposa del rey leonés: como ejemplo de ello, baste decir que de 1093 hasta 1108 fue la señora del Castillo de Cornatel. Jimena y Alfonso tuvieron dos hijas: Teresa de León, que sería la madre de Alfonso Enríquez o Alfonso I, el primer rey de Portugal (aunque en algunas crónicas, como la “Historia Compostelana”, ella ya recibe el título de reina de Portugal); y la ya mencionada Elvira Alfónsez, que nació en torno a 1079. Nada sabemos de su vida hasta que es dada en matrimonio al poderoso Raimundo IV, conde de Tolosa y marqués de Provenza, y que por tanto controlaba el sur de la Francia actual. Raimundo había apoyado militarmente al reino de León, por lo que es posible que Alfonso VI lo recompensara con la mano de su hija, a pesar de ser ilegítima. Para el tolosano supuso su tercer matrimonio, pero fue el primero y único que no fue condenado por la Iglesia. No sabemos la fecha de la boda, aunque tuvo que ser en torno a 1094, porque se conserva un documento de Raimundo del 28 de julio de ese año que viene confirmado y firmado por “Alvira comitissa”
La Primera Cruzada.

Poco después de la boda, en noviembre de 1095, se produjo en Clermont el llamamiento a la Cruzada del papa Urbano II (1088-1099), y Raimundo IV fue de los primeros en responder y acudir con sus tropas, siendo uno de los dirigentes más importantes e influyentes que participó en la Primera Cruzada. Elvira lo acompañó en esta aventura por toda Tierra Santa, y no puede descartarse que lo hiciera secundada por cruzados leoneses, pues su presencia al menos consiguió un “efecto llamada”: en La Historia Compostelana hay varias cartas del papa Pascual II (1099-1108) prohibiendo taxativamente a Alfonso VI que sus súbditos fueran a la Cruzada: 

“velando por tu reino, y por las fronteras de tus aliados, hemos prohibido que vuestros soldados, a los cuales hemos visto, vayan a Jerusalén”.

El 15 de julio de 1099 la ciudad de Jerusalén cayó en manos de los cruzados tras un asedio, gracias en gran medida al esfuerzo y dirección de Raimundo IV. Las tropas cristianas le ofrecieron la corona real a él y a su mujer, con lo que se habrían convertido en los primeros reyes de Jerusalén, pero ambos declinaron el ofrecimiento, porque les parecía casi blasfema la idea de que hubiera un monarca en Tierra Santa, donde había vivido y muerto el mismísimo Jesucristo. Años más tarde, Raimundo construyó un castillo en el Monte Peregrino para atacar Trípoli. En esa fortaleza nació el que sería conocido como Alfonso Jordán o Alfonso I de Tolosa en 1103. Elvira y Raimundo eligieron el nombre en honor a Alfonso VI de León, y añadieron “Jordán” cuando lo bautizaron en el río homónimo. 
El conde niño. 

Raimundo IV murió dos años después, a consecuencia de un incendio en el castillo de Monte Peregrino, y es considerado el fundador del Condado de Trípoli.
Wikipedia
Como Alfonso Jordán apenas era un niño, se escogió como sucesor en este territorio a Guillermo Jordán, hijo de Guillermo I de Cerdaña. En 1108 Alfonso fue llevado a Francia, posiblemente en compañía de su madre. A pesar de ser todavía un niño, su medio hermano Bertrand (o Beltrán) lo nombró conde de Rouergue antes de partir a Trípoli para deponer al usurpador Guillermo Jordán, lo que consiguió en junio del año siguiente. Bertrand falleció en el año 1112, y fue sucedido en el condado de Trípoli por su hijo Pons (Ponce), y en el de Tolosa y el marquesado de Provenza por Alfonso Jordán. 
A pesar de su juventud, o precisamente debido a ella, en 1114 Alfonso sufrió la invasión de sus territorios por el duque Guillermo IX de Aquitania, que en teoría actuaba como regente. Pudo recuperar parte de su herencia en 1119, y la totalidad en 1123, pero en ese momento fue excomulgado por el papa Calixto II por haber expulsado a los monjes de Saint-Gilles, que se habían pasado al bando de Guillermo. Seguramente fue en esta etapa de su vida cuando su madre Elvira regresó a León, pues sabemos que en 1117 se casó por segunda vez en el seno de la Corte leonesa, con Fernando Fernández de Carrión, de quien se separó antes de 1121 tras haberle dado tres hijos. 
Alfonso Jordán también tuvo que hacer valer sus derechos sobre Provenza mediante las armas: su rival fue el conde Ramón Berenguer III de Barcelona, a quien acabó imponiéndose en 1125, convirtiéndose así en dueño y señor de los amplísimos territorios comprendidos entre los Pirineos al occidente, los Alpes al oriente, Auvernia al norte, y el mar Mediterráneo al sur. No debió ser mal gobernante, porque la época de su señorío, tal y como pasó con su abuelo Alfonso VI, dejó muy buen recuerdo en las crónicas, como si hubiera sido una especie de edad dorada. 
Alfonso Jordán en el reino de León.

Apoteosis de Alfonso VII, por Jesús Ybarzábal.
El caballero de la izquierda bien podría ser
Alfonso Jordán.
En 1126 Alfonso Jordán estuvo en León, presenciando la coronación real de su primo carnal Alfonso VII. No sabemos con qué fuerzas militares vino a nuestra tierra, pero desde el primer momento se puso bajo las órdenes de su primo, ayudándole ese mismo año a sofocar la rebelión de algunos nobles en la capital del reino: entre los jefes rebeldes estaba el noble castellano Pedro González de Lara, que había sido el último amante de la reina Urraca, y que siempre se había opuesto a que fuera sucedida por Alfonso VII, envenenando las relaciones entre madre e hijo. Aunque después de ser derrotado fue perdonado por el Emperador, Pedro se rebeló de nuevo en varias ocasiones y acabó pasando al servicio del rey de Aragón. Por esas curiosidades de la Historia, en 1130 este noble castellano retó a una justa a Alfonso Jordán durante el sitio de Bayona (¿querría una revancha de lo ocurrido en León?), pero Alfonso lo venció por segunda y última vez, ya que lo hirió gravemente en un brazo, y Pedro acabó muriendo a consecuencia de las heridas.
Años después sabemos que Alfonso Jordán regresó a Francia, porque en 1134 se hizo con el vizcondado de Narbona, aprovechándose de la minoría de edad de Ermegarda, la legítima heredera, aunque se vio obligado a devolvérselo en 1143 tras haber sido derrotado y hecho prisionero en una batalla.
Dinero de Alfonso Jordán acuñado en Narbona durante
la minoría de edad de Ermegarda. ANFOS DVX|NARBONE CIVI (Wikipedia)
En 1135 Alfonso regresó a Hispania, pues la coetánea Chronica Adefonsi Imperatoris nos dice que estuvo presente en la coronación imperial de Alfonso VII en León. En compañía de otros nobles de Cataluña, Gascuña y Francia (como Guillermo de Montpellier) se hizo vasallo del Emperador leonés, con lo que el autor de la Chronica pudo decir:

“et facti sunt termini regni Adefonsi regis Legionis a mari magno Oceano, quod est a Patrono Sancti Iacobi, usque ad fluuium Rodani”

Marcabrú
Es decir, que su Imperio llegaba desde las costas del Atlántico hasta el río Ródano. A Jordán lo acompañaba una pequeña corte de caballeros y lacayos, entre los que había varios juglares y trovadores gascones y provenzales. De estos últimos destacaba Marcabrú, que desarrolló su actividad entre 1130 y 1149, y que alcanzó fama en toda Europa: en varias de sus obras cantó la figura de Alfonso VII, como podéis leer en el artículo que dediqué a este tema. Es decir, que con Alfonso Jordán comenzó la tradición de las visitas de trovadores franceses a la corte leonesa. 
En 1141 Alfonso Jordán regresó a la Península para peregrinar a Santiago de Compostela, y tuvo tiempo para actuar como mediador en un conflicto surgido entre Alfonso VII y García VI de Pamplona, poniendo las bases de los acuerdos de paz entre ambos monarcas. 
En 1145 Bernardo de Claraval (el famoso San Bernardo) le escribió una carta en la que le mostraba su preocupación por ciertas ideas religiosas que estaban surgiendo en Tolosa y que eran claramente herejes. De hecho Bernardo estaba tan preocupado que viajó a la zona para predicar la doctrina católica. Se trataba en realidad de los primeros pasos de la herejía de los cátaros, que con el tiempo se convertiría en un enemigo formidable para la Iglesia de Roma. El caso es que la actitud indolente de Alfonso le costó una segunda excomunión papal. Tal vez por ello, o sencillamente por volver a su tierra natal, Alfonso Jordán se enroló en la Segunda Cruzada en 1146, y partió hacia Tierra Santa en el verano de 1147. Tras algunas escalas, llegó a Acre en 1148. Durante el viaje se ganó muchas enemistades entre sus compañeros. Murió en Cesarea al poco de desembarcar, y enseguida surgieron voces denunciando que había sido envenenado por la famosísima Leonor de Aquitania (la mujer del rey Luis VII de Francia), aunque otras señalaban a Raimundo, conde de Trípoli.
Alfonso Jordán dejó dos hijos varones: Raimundo, que le sucedió, y Alfonso, que recibió el nombre por la tradición familiar de su abuela materna. 
BIBLIOGRAFÍA

-AGUILERS, Raimundi de: Historia Francorum qui ceperunt Iherusalem, RHC, Historiens occidentaux, III. París, 1866.
-CASCHIFELONE, Cafari de: De Liberatione Civitatum Orientis. Liber XXIV.
-FALQUE, Enma: Historia Compostelana. AKAL, 1995.
-LIPSKEY, G. E.: The Chronicle of Alfonso the Emperor: A Translation of the Chronica Adefonsi imperatoris, with study and notes. The Library of Iberian Resources Online, http://libro.uca.edu/lipskey/chronicle.htm
-MARTURÉ, B.A.: Histoire des comtes de Touluse, Castres, 1828.
-SIBLY, M.D y SIBLY, W.A.:The Chronicle of William of Puylaurens: The Albigensian Crusade and Its Aftermath. Boydell Press, 2003.

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