Atisbos y barruntos

25 jul 2013 0 comentarios

Diario de León, ernesto escapa 25/07/2013.- Otros años, a estas alturas, estábamos de balance, un escrutinio que se tramitaba al calor de unos premios o con el respaldo de unas jornadas, momentos propicios para el entusiasmo, tan alejados de este incómodo sofoco. Ahora los políticos hacen verano cortesano, tanto en Madrid como aquí. Así que cumplen jornadas en las Cortes, donde sirven los combinados y el papeo más baratos de la circunscripción. Estos días trajinan enmiendas o amagan comparecencias, para dar la impresión de que no ceja su actividad. Algunos se incomodan porque el trasiego parlamentario va a acabar invadiendo la frontera sagrada de agosto, un territorio destinado a las vacaciones de quienes todavía disfrutan el privilegio. Así que ya no tenemos aquellos balances estivales tan jugosos, en los que el compareciente institucional contrastaba el levante de su curva inversora con la tendencia declinante de los demás.
Cómo no recordar, en este momento de precariedad, la melodía de la deuda histórica, que cargaba millones con una alegría que nunca más hemos vuelto a ver. Aquellos requilorios fueron sobre todo de Lucas y su portavoz. Luego lo hicimos, por fin, ministro de los funcionarios y la demanda se aplacó. Estos días acabamos de escuchar a diversos expertos calibrando el destierro de inversiones estatales en nuestra Comunidad. Pero también ha decaído la contratación autonómica. Según parece, sólo los municipios, siempre en fase de sospecha, siguen manteniendo el tipo, mientras aguardan las iniciativas legales que pretenden su reforma u ordenación. En ese trámite, la reforma Montoro busca hacer caja con todo, incluidas las compras culturales de hace unos años. Así que le han puesto precio al Teatro Emperador, mientras sitúan en almoneda los montes comunales de las pedanías, quizá para ir sufragando los gastos olímpicos de doña Botella, cuyo municipio acumula más deuda que los dos mil doscientos cuarenta y ocho de la Comunidad más extensa y municipalizada del orbe europeo. Pareciera que el problema son nuestras pequeñeces, no el sumidero de Madrid.
Las Cortes de Castilla y León trajinan este verano un surtido lote de enmiendas a la ley de Servicios, Gobierno y Administración Territorial, cuya aprobación está prevista para el otoño. La ley Montoro de Reforma Local, que tanta lata y tantos tumbos ha venido dando desde el verano pasado, volvió a ver atascada su salida del Consejo de Ministros y ya no tiene fecha. Después de las celebraciones jubilosas de sus pregoneros de aquí, el recorrido no ha podido resultar más atrancado. Eran los de la poda de juntas vecinales para poner en el mercado su patrimonio milenario. Gustó sobre todo a la zoquetería lugareña, enquistada en la Federación de Municipios y Provincias. Porque ellos iban a ser los nuevos virreyes del territorio. Hasta que les paró los pies el Consejo de Estado. La ley autonómica progresa con el compromiso de que su mapa de servicios ha de ser aprobado con un respaldo de dos tercios, lo que supone una garantía de entendimiento.
Esa disposición se echa en falta a la hora de evaluar la catástrofe de las Cajas de Ahorros. Hemos sido la Comunidad que más entidades trituró y tal logro obliga a dar la cara y proporcionar alguna explicación a las víctimas. No es suficiente con hacerse los dolidos y poner cara de sufridores. Así que a espabilar.

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