BELLIDO DOLFOS, HÉROE DE ZAMORA (III)

8 feb 2006 0 comentarios

Para cerrar este ciclo dedicado a reflejar la verdadera figura de Bellido Dolfos en la cronística medieval, os voy a transcribir un fragmento de la mal llamada Crónica Silense, que es la más próxima a los hechos que se narran, ya que el cerco de Zamora tuvo lugar en el año 1072, y esta crónica se escribió en torno al año 1115.“Semurenses etenim ea tempestate inmobiles permansere; qui profecto Semurenses, Adefonsi regis presidio muniti, repulsam domini sui non ferentes, misso magne audacie milite, dum circumsederet eos, Sancium regem dolo interfecerunt. Qui nimirum ab eo lancea inopinate ex adverso perfosus, vitam pariter cum sanguine fudit. Idem uero qui eum tam audaciter percussit, sicuti consilium fuerat, cursu rapidissimi equi, apertis portis, ab opidanis incolumis receptus est. Sed interempto rege, tunc cerneres ex tanta audacia, tantaque letitia, dispersio quanta, quantaque tristitia in illo tanto tanque nobili exercitu fuerit”. (Edición de Pérez de Urbel y González Ruiz-Zorrilla, Madrid, 1959)

La traducción me la ha realizado muy amablemente D. Maurilio Pérez, catedrático de Latín que ha sido sometido recientemente a una operación, y a quien deseo una pronta recuperación. Margarita Torres también ha colaborado con una versión previa, y yo mismo he puesto mis granitos de arena (si hay algún error, la responsabilidad es exclusivamente mía):

“Entre tanto, los zamoranos permanecieron inmóviles en medio de aquella tempestad. Sin duda estos zamoranos, cuyas defensas habían sido fortificadas con el auxilio del rey Alfonso, al no soportar la derrota de su señor, mataron mediante la astucia al rey Sancho mientras les asediaba gracias al envío de un caballero de gran audacia. En efecto, el rey, inesperadamente atravesado por la espalda con una lanza por él, perdió la vida junto con su sangre. El mismo que lo abatió tan audazmente, según se había planeado, montado en un rapidísimo caballo fue recibido incólume por los ciudadanos, una vez abiertas las puertas de la ciudad. Y, muerto el rey, hubieras podido ver cuánta dispersión y cuánta tristeza hubo en vez de tanta audacia y tanta alegría en aquel ejército tan grande y tan excelente”

Este texto es muy interesante por varias razones: en primer lugar, dice que Alfonso había reforzado las murallas de Zamora, lo que indica que, como Rey de León, era su señor superior, incluso por encima de Urraca, a quien le correspondía el señorío de la ciudad (aunque, por cierto, la Crónica Silense no la cita como presente en el cerco). En segundo lugar, que los zamoranos permanecieron fieles a Alfonso (otra posible traducción para “inmobiles” es, precisamente, “fieles”), y que por ello se enfrentaron al usurpador Sancho. Tercero: contra lo que afirma el medievalista castellanista Pérez de Urbel, el cronista simpatiza con Bellido y con los zamoranos: al primero lo califica de “audaz” en dos ocasiones, y está clara la intención irónica cuando el autor cambia a la segunda persona en la parte final: ese “hubieras podido ver…” parece reflejar una mueca de total ironía ante la desbandada de los asediadores.
Como ya dije en otro momento, el plan urdido por los zamoranos y ejecutado por Bellido tiene toda la apariencia de las acciones de los comandos del siglo XX: actúa dentro de las líneas enemigas, da un golpe maestro, y regresa sano y salvo a la base.
Por cierto: según me ha informado Margarita Torres, se puede rastrear documentalmente la existencia real de Bellido Dolfos y de su hijo: al parecer fueron señores de amplios territorios en la zona norte de Zamora, con lo que el título de “héroe zamorano” se le puede aplicar sin ningún reparo. Ambos vivieron tranquilamente durante el reinado de Alfonso VI, y Bellido no fue mandado descuartizar como afirman los antihistóricos cantares de gesta.
La razón por la que los zamoranos no podían soportar la derrota de su señor Alfonso la veremos otro día, ya que las crónicas reflejan que ni Sancho ni el Cid fueron precisamente unos santos, y que , si alguien merece el apelativo de traidores, son precisamente estos dos personajes.
Y es que, si alguna lección podemos sacar de estos episodios, es que no se puede hacer Historia partiendo de cantares de gesta que fueron acuñados en Castilla y por castellanos más de un siglo después de los hechos.

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