Castellanos y leoneses

9 oct 2006 0 comentarios

Enrique Cabero Morán – Profesor de Universidad –

Cerca está el vigésimo cuarto aniversario de la promulgación del Estatuto de Autonomía de Castilla y León y todavía hay quien titubea cuando se refiere a nuestra comunidad. Baila la i griega y se ve sustituida por un guion, tal vez por influencia de Castilla-La Mancha. Hace cinco años, en el inicio de un acto solemne, subió la tensión entre sudores fríos de las autoridades locales y regionales cuando un alto cargo ministerial agradeció su colaboración a la Junta de Comunidades de Castilla-León. Nunca antes la pronunciación de la e había provocado una espiración de alivio tan notoria.
LA GACETA DE SALAMANCA

También la utilización del gentilicio autonómico vuelve loco a más de uno. En el vestíbulo del Palacio de Congresos de Santiago de Compostela una periodista orensana me preguntó para evitar confusiones: “¿cómo se llaman ustedes a sí mismos? Ya se sabe de la dificultad de los nombres compuestos, como decía mi madre”. Piensen en la respuesta, sobre todo después de comprobar (oigan y lean) las dudas que asaltan a algunos de nuestros conciudadanos.

La pasada semana recibí el programa de unas jornadas castellano (sic) y leonesas. Tanto me interesó la materia objeto de estudio como me inquietó el título. Descubrí que aquello de castellano en lugar de castellanas no se trataba de una errata, que aparecía repetidamente en la página web y en los carteles.

Se comprenden confusiones y vacilaciones por la ausencia de pautas identificativas y, principalmente, por la preferencia que se manifiesta en las conversaciones habituales por el gentilicio provincial. En fin, nos resulta sencillo afirmar, por ejemplo, que somos salmantinos y nos azara dar el siguiente paso (muchos se decantarían por considerarse castellanos, otros por leoneses y los menos por castellanoleoneses).

Precisamente el adjetivo castellanoleonés (o castellano-leonés) se acuña a causa del nacimiento de la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Su novedad no resiste pugnas con castellano o con leonés.

El intento no parece haber tenido éxito por el peso de los antiguos reinos de León y de Castilla, remarcado con denuedo para demostrar el origen histórico de esta comunidad. Probó el Estatuto de Autonomía de 1983. Reformas y discursos hablan ahora, sin embargo, de ciudadanos de Castilla y León (expresión recomendada para no equivocarse; por cierto, hagan lo mismo si se hallan en Cabra, provincia de Córdoba, y no recuerdan la palabra egabrense) o de castellanos y leoneses (a elección del receptor, algo así como juntos pero no revueltos)

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