CAZURREANDO CON LA PALABRA "CAZURRO"

12 sep 2016 0 comentarios

Es sabido que a los leoneses se nos suele denominar “cazurros”, si bien es una palabra que nuestros vecinos asturianos aplican a cualquier persona al sur de la Cordillera, sea o no de León. Ahora bien, ¿qué significa “cazurro”? Si miramos en el Diccionario de la Lengua Española de la RAE, obtenemos este resultado:

cazurro, rra
De origen incierto.
1. adj. Malicioso, reservado y de pocas palabras. U. t. c. s. [Usado también como sustantivo]
2. adj. Tosco, basto, zafio.
3. adj. Torpe, lento en comprender. U. t. c. s.

Un significado nada halagüeño, como vemos. Sin embargo, en León este vocablo se emplea generalmente con otra acepción que no aparece reflejada en este diccionario, y que sería la de “cabezón, terco, obstinado”. No es nada extraño que los gentilicios coloquiales sean despectivos: el ejemplo más claro es que a los asturianos se les llama “babayos”, lo que no es ninguna flor precisamente. Por ello hay gente que, ofendida en lo más íntimo, prefiere coger estos gentilicios populares y otorgarles un origen o significado más noble. Así desde hace un tiempo circula por Facebook esta imagen que ofrece un supuesto origen etimológico de la palabra “cazurro” que sirve para restañar el orgullo herido de los leoneses: 
“El que no cesa” suena mucho mejor que “malicioso, tosco, basto, zafio, torpe” o incluso que “terco”, ¿no es cierto? Así que es lógico que la imagen circulase con mucho éxito y se convirtiera en un fenómeno viral entre la gente y los grupos de León de la mencionada red social. 
Pero la cosa ha cambiado cuando recientemente Mario Lozano Alonso consultó esta pretendida etimología con Raad Salam Naaman, experto en lengua árabe, quien le respondió que no es cierto. Mario lo publicó también en Facebook con la siguiente imagen:

Esto levantó cierto revuelo entre los que le habían cogido gusto a lo de “el que no cesa”, y hubo respuestas de todo tipo, aunque ninguna pudo demostrar la supuesta etimología.

Yo ya me había encontrado la palabra en dos ocasiones: una para hablar de los trovadores de baja estofa, y otra para referirse despectivamente al mirandés, la variante portuguesa de la lengua asturleonesa. A raíz de la discusión mencionada decidí ponerme manos a la obra e investigar al respecto, para ver qué se podía sacar en claro.

Caçurro en la Edad Media.
“Caçurro” en la Edad Media era una palabra que significaba lo mismo en portugués que en castellano: sucio, vil. De hecho sigue significando eso en el portugués actual: “surro [suciedad procedente del sudor, del uso, etc.]; porcaria [porquería]”. Ya Alfonso X dice en sus Siete Partidas que

“las palabras que se dizen sobre razones feas, e sin pro, e que non son fermosas, nin apuestas al que las fabla, nin otrosi al que las oye, nin puede tomar buen castigo, nin buen consejo, son ademas e llamanlas caçurras, porque son viles e desapuestas, e non deuen ser dichas ante omes buenos, quanto más dezirlas ellos mesmos, e mayormente el rey” (Segunda Partida, Título IV, Ley 2) 


Más o menos por la misma época (h.1260), decía Gonzalo de Berceo en sus “Milagros de Nuestra Señora”:

Díssoli el judío: «Si tal cosa mostrares,
yo te daré empresto quanto tú demandares,
mas por otras pastrijas lo que de mí levares,
non pagarás con ello caçurros nin joglares.»


Aquí “caçurro” parece un juglar vulgar que cobraba por divertir con sus cantares groseros. Es decir, un sinónimo de bufón. 

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (h. 1283 – h. 1351), usó la palabra en varias partes de su “Libro de buen amor” (h1330-1343), también con este sentido de “bufón”, o “vulgar, zafio”:

“Non uses con bellacos, nin seas peleador,
non quieras ser caçurro, nin seas escarnidor”
(en De cómo el Amor enseña al arçipreste, que aya en sí buenas costumbres, e sobre todo que se guarde de beber mucho vino blanco e tinto”)


“De toda la laseria et de todo este cojijo
fis’ cantares caçurros de quanto mal me dixo;
non fuyan d’ello las dueñas, nin los tengo por lijo,
ca nunca los oyó dueña, que d’ellos mucho non rijo”.
(en “De la vieja que vino al arçipreste y de lo que le contesçió con ella”)

“Cantares fis’ algunos de los que disen los çiegos,
et para escolares que andan nocherniegos,
e para muchos otros por puertas andariegos,
caçurros et de bulras, non cabrían en dies priegos”.
(en “En cuáles instrumentos non convienen los cantares de arábigo”)


El Vocabulario español-latino de Nebrija (1494) dice: 
-Caçurro: Avarus, a, um. Auidus, a, um. Un poco. Parcus, a, um.
-Caçurria: Avaricia e parsimonia.

El “Vocabulario medieval castellano” de Julio Cejador y Frauca (1929) define cazurría, caçorría, caçurría, casurría como “maldad”. Y cazurro, caçurro como “bufón, vil, plebeyo, de burlas”.


La palabra fue evolucionando, y así en el siglo XVIII Gregorio Mayans y Siscar en su obra “Orígenes de la lengua española” (1737) dice de caçurro: “malo, torpe. Caçurras palabras: injuriosas”. 


El mirandés, “fala caçurra”.
Como ya hemos dicho, en portugués actual “caçurro” significa “surro [suciedad procedente del sudor, del uso, etc.]; porcaria [porquería]”, y “caçurrento”, su adjetivo derivado, “sucio, puerco, manchado”. En la Edad Media tenía el sentido de palabras bajas y groseras, e incluso existía su derivado “caçurria” (ya en desuso), “palabra fea y que suena mal”. 

En algunos lugares de nuestro país vecino “fala caçurra” designa al “habla baja, grosera, ordinaria”, lo que le une con el significado que tenía el vocablo en la Corona de Castilla en la Edad Media. Ya lo registró en la Tierra de Miranda José Leite de Vasconcelos en el siglo XIX, aunque su uso no era generalizado en toda la región. Afirma que los habitantes de Cércio decían que los mirandeses son “caçurros”, y su lengua “fala caçurra”. 

Origen.
En algunos lugares se dice que la palabra proviene de la localidad de Cazurra (Zamora), y se cuenta la historieta de que cuando los cazurreños iban a trabajar a Asturias los asturianos los trataban como a tontos, porque no sabían manejar las máquinas. Es una explicación inverosímil, porque como hemos visto la palabrina ya existía en la Edad Media.

En “Tesoro de la lengua castellana o española” de Covarrubias (1611) se lanza una hipótesis sobre la etimología de la palabra:

“Dixeronse palabras caçurras, de caço, que en lengua Toscana vale genitale membrum virile, y desta palabra se llamaron todas las demas descompuestas cuçurras, o se dixeron caçurras, quasi cacurras, de kakos kachos, cosamala. Caçurro el hombre torpe”. 

O sea, que la vincula con la palabra “cazzo”, interjección malsonante en italiano que se puede traducir como “pene”, o “¡Joder!”.

Otros autores han relacionado “caçurro” con “casmurro“, que en Portugal designa a la persona que acostumbra a insistir en una idea, siendo sinónimo de cabezota, terco, lo que coincide con el significado que le damos a “cazurro” en León y Zamora, así que quizá haya algo de verdad en esa afirmación. El vocablo tiene una segunda acepción, que es “persona que no muestra alegría o que tiene tendencia a aislarse”, y que coincide con la expresión aragonesa “tío cazurro”, que designa al “solterón viejo que vive en casa de un hermano o sobrino, especie de machucho que se ha hecho a la soledad y la misantropía”. Otro posible origen portugués está en el hecho de que en la Extremadura portuguesa “caçurro” es el terreno sin cultivar.

Pero la obra que dedica más espacio (¡dos páginas!) a la palabra que nos ocupa es “Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico” de Joan Corominas y José Antonio Pascual, que le otorga el significado de “grosero, marrullero, malicioso, insociable”. Señala que el primer uso documentado de la palabra es un diploma navarro de 1197, donde aparece un tal “Dominico Cazurro”. En los siglos XIII-XIV dice que tenía el matiz “chocarrero, que quiere ser gracioso, pero groseramente”, y el de “descompuesto, desvergonzado, impropio para que lo vean u oigan mujeres”. Apunta que en algunos momentos tuvo connotaciones sexuales. Aporta que en el “Auto de Caín y Abel”, del siglo XVI, se acusa a Caín de haber “cazurrado a su hermano”, lo que podría relacionar esta palabra con el verbo “zurrar”, aunque Corominas prefiere traducirla por “matar traidoramente”.

Estos filólogos también tratan acerca de la etimología de la palabra. Descartan *canzurro, derivado de can (perro), y analizan un posible origen árabe con “qâdûr” o “qadûr”, la palabra que tanto circuló por internet, aunque en realidad significa lo mismo que en español y en portugués (sobre todo con la palabra “casmurro”): “insociable, que huye de la sociedad”. Hay variantes árabes que significan “sucio, inmundo, malo, avaro, mezquino, bellaquería”. Pero afirman Corominas y Pascual que esa d árabe pasa al castellano en todos los casos, aunque haya alguna vez que evoluciona como z, pero en ningún caso ç. No descartan totalmente el posible influjo árabe en el vocablo, pero apuntan a un origen prerromano por el sufijo -urro/a. Apuestan también por la palabra portuguesa “caturra”, “persona terca y aferrada a ideas antiguas, que halla defectos a todo, y que se complace en discutir”, y que parece definir muy bien al menos a los leoneses actuales. “Caturra” deriva de “turra”, palabra que tanto en portugués como en leonés significa algo así como “tema de discusión sin fin”, de donde deriva nuestro “turrión/a”, que significa “testarudo”. ¿Serán hermanas las palabras “turrión” y “cazurro”? En cualquier caso los leoneses seguiremos diciendo y aceptando que somos cazurros con una mezcla de resignación y de cierto orgullo…

BIBLIOGRAFÍA
-BERCEO, Gonzalo de. “Los milagros de Nuestra Señora”. La Rioja, 2011.
-CEJADOR Y FRAUCA, Julio. “Vocabulario medieval castellano. (Obra póstuma)”. Hildesheim, 1996. Pág. 96.

-CELDRÁN GOMÁRIZ, Pancracio. “Inventario general de insultos”. Madrid, 1995.

-COROMINAS, Joan y PASCUAL, José Antonio. “Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico”. Volumen I. Madrid, 1991. Págs. 937-938.
-COVARRUBIAS OROZCO, Sebastián de. “Tesoro de la lengua castellana o española”. Madrid, 1611. Pág. 167.

-MAYANS Y SISCAR, Gregorio. “Orígenes de la lengua española”. Madrid, 1737.
-MERLAN, Aurelia. “El mirandés: situación sociolingüística de una lengua minoritaria en la zona fronteriza portugueso-española”. Oviedo, 2009. Pág. 416.
-NEBRIJA, Elio Antonio. “Vocabulario español-latino”. Salamanca, 1495?
-RUIZ, Juan, Arcipreste de Hita. “Libro de buen amor”. Booklassic, 2015.

-VV.AA. “Las Siete Partidas del sabio rey don Alfonso el IX (sic)” . Barcelona, 1843.

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