La cordillera pirenaica fue atravesada por los ejércitos islámicos hacia el año 720, que llegaron a ocupar una estrecha franja al sudoeste de Francia, frenados por Carlos Martel en la batalla de Poitiers (732), pero no dominaron completamente las áreas montañosas del Pirineo, tampoco de la cordillera Cantábrica, en parte, quizá, por tratarse de zonas pobres, poco habitadas y de escaso interés para los allegados.
Entre las partes llanas y las altas había, sin embargo, grandes períodos de paz y buena vecindad, rotos a veces por luchas cuyas manifestaciones ayudaban a completar las relaciones a veces de paz, a veces de hostilidad entre agricultores, más asentados en el llano, y pastores, residentes más prolongados de las montañas.
No se dio, sin embargo, fusión o asimilación entre ambos grupos. En cierto sentido, es esta resistencia al dominio de las gentes del llano, en tanto que dominio extranjero, en defensa de la propia organización social, lo que explica el nacimiento del reino de Asturias y también del reino de Pamplona. Pelayo , rey de Asturias (718-737), fue la primera de las ondas de la expansión cristiana. Era hijo del duque Fáfila o Favila, que era portaestandarte de las huestes del último rey visigodo, don Rodrigo, en cuya corte, es decir, en Toledo, ostentó su hijo Pelayo la dignidad de espatario. Pelayo casó con Gaudiosa o Geodosia, con quien tuvo dos hijos, Fáfila y Ermesinda.
Tras la derrota de su rey, Pelayo fue enviado a Córdoba por el gobernador musulmán Munuza, que era prefecto de toda esta parte norte y que residía en León, quien parece aspiraba a casarse con su hermana. Pelayo, sin embargo, logró escaparse y regresar a Asturias, refugiándose en las montañas de Cangas de Onís y organizar desde allí el primer núcleo de resistencia, por lo que fue elegido rey en 718.
Los musulmanes, al tener conocimiento de este nuevo reino mandaron un ejército, quizá una simple patrulla, pero en la Crónica de Alfonso III se habla de 187.000 soldados que fueron reclutados en toda España a cuyo mando estaba el militar musulmán Alkama, con la intención de combatirlo y cobrar impuestos.
El rey moro quiso también que el obispo visigodo de Toledo, Oppas, un traidor a la causa cristiana y un chaquetero, que de todo hay en todo tiempo, acompañara al ejército musulmán y mediara con los cabecillas rebeldes asturianos y otros de procedencias distintas que fueron reculando y refugiándose allí. Pero los montañeses de Asturias, reforzados por nobles visigodos orgullosos y, en todo caso, dirigidos por Pelayo, consiguieron derrotarlos en las altas cumbres de los Picos de Europa y más concretamente en las montañas de Covadonga y en las laderas del monte Auseba.
Por esa misma Crónica de Alfonso III sabemos que en los momentos preliminares a la batalla Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Auseba y que el ejército de Alkama llegó hasta él y alzó innumerables tiendas frente a la entrada de una cueva. El obispo Oppas subió a un montículo situado frente a la cueva y habló así a Pelayo: «Pelayo, Pelayo, ¿dónde estás?» El interpelado se asomó a una ventana y respondió: «Aquí estoy.»
El obispo dijo entonces: «Juzgo, hermano e hijo, que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda España unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros países por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos, no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas, ¿podrás tú defenderte en la cima de este monte? Me parece difícil. Escucha mi consejo: vuelve a tu acuerdo, gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos.» Pelayo respondió entonces: «¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios?» El obispo contestó: «Verdaderamente, así está escrito.»
Pelayo dijo: «Cristo es nuestra esperanza; que por este pequeño montículo que ves sea España salvada y reparado el ejército de los godos. Confío en que se cumplirá en nosotros la promesa del Señor, porque David ha dicho: 'Castigaré con mi vara sus inquietudes y con azotes sus pecados, pero no les faltará mi misericordia.' Así, pues, confiando en la misericordia de Jesucristo, desprecio esa multitud y no temo el combate con que nos amenazas. Tenemos por abogado cerca del Padre a nuestro señor Jesucristo, que puede librarnos de estos paganos.»
El obispo se volvió entonces hacia el ejército y dijo: «Acercaos y pelead. Ya habéis oído cómo me ha respondido; a lo que adivino de su intención, no tendréis paz con él, sino por la venganza de la espada.» La batalla tuvo lugar (depende de las fuentes) entre los años 718 y 725, probablemente sucedió en el año 722.
La victoria cristiana fue una victoria poco relevante y hasta casi ignorada por los musulmanes, más atentos a narrar los éxitos propios y, en todo caso, aquellos episodios más importantes de los que tampoco carecían por entonces, que preocuparse por cosas de poca monta. Pero para los cristianos significó una importante inyección anímica en su resistencia tribal y montaraz contra el invasor islámico. Fáfila fue el segundo rey de Asturias (737-739), hijo de Pelayo y de Gaudiosa. No nos consta que casara con nadie ya que a su muerte le sucedió su hermana Ermesinda. Tampoco parece que dejara descendencia. Su muerte aconteció de manera brutal, cuentan que producida por un oso, una muerte que abre un abanico de conjeturas infinitas pero que de tantas como son no nos atrevemos ni sabemos inclinarnos por ninguna. Con él la corte regia se estableció en Cangas de Onís, en las faldas de Covadonga. Alfonso I el Católico (739-757) no podemos decir que viniera de familia regia, aunque sí de familia noble, pues era hijo del duque Pedro de Cantabria, pero sí alcanzó tal condición al casar con Ermesinda, hermana del anterior rey astur y que por lo tanto fue la legítima heredera de ese reino montañés. Tuvieron dos hijos, Fruela y Adosinda. Con el matrimonio entre Alfonso y Ermesinda se simbolizó la unión entre astures y cántabros.
A él se le atribuye ser el verdadero fundador del reino astur, aunque quizá debamos mejor atribuírselo a circunstancias de grado mayor que coincidieron con el tiempo de su reinado, como fueron diversos estallidos de disturbios y revueltas entre árabes y bereberes, estos últimos descontentos de habitar tierras más pobres y duras, y de una aguda sequía y hambre acontecidas en 750-753, lo que agravó sus diferencias, provocando un reflujo, abandonando posiciones en gran parte de la meseta y facilitando las primeras incursiones cristianas, más allá de Covadonga y sus estribaciones, lo que más tarde daría lugar al asentamiento de lo que sería el reino leonés, esa especie de «desierto» mesetario que debido a su dureza y pobreza fue semiabandonado por los bereberes, tanto que incluso algunos se pasaron al bando contrario de pura irritación con los árabes, que habitaban zonas del sur y del Levante, más fértiles y de mejor clima, todo lo cual permitió que Alfonso I, si damos crédito a cronistas que escribieron sobre el tema más de cien años después de los hechos, tomara Lugo, Tuy, Oporto, Braga, Viseo, Astorga, León, Amaya, Oca, Miranda de Ebro, Zamora, Salamanca, Simancas, Osma, Ledesma, Ávila, Segovia y Sepúlveda, pero incapaz de retenerlas destruyó sus fortificaciones, degolló a los musulmanes que no habían huido y regresó trayendo cristianos a los territorios saqueados.
En la Crónica Albeldense se dice que «invadió victorioso las ciudades de León y Astorga por el enemigo poseídas. Yermó los Campos Góticos hasta el Duero y extendió el reino de los cristianos». Fruela I , rey de Asturias (757-768), sucedió a su padre. Casó con una cautiva vasca, de nombre Munia, con quien tendría a un futuro rey, Alfonso II el Casto. Fruela I, como otros sucesores en el trono asturiano, tiene perfiles muy desdibujados, lo que no arroja demasiada luz sobre él. Parece que sometió a vascones y gallegos, no obstante hubo de sofocar diversas pugnas entre linajes por ocupar el trono y domeñar a tribus o pueblos con cierta tradición de independencia o de acentuado particularismo, además de tensiones en el intento de crear una iglesia asturiana sin vínculos con la jerarquía mozárabe.
Fruela I luchó con éxito contra los musulmanes en Pontuvio, hacia 758-760, localidad que nadie parece atreverse a ubicar, aunque bien pudiera considerarse hoy como Pontón u otra más conocida, Puentedeume, ambas en todo caso, hoy en Galicia. Pero en 766-767 los islámicos saquearon tierras alavesas. Al final acabó siendo asesinado por súbditos astures que entronizaron a un nuevo rey.
Volver a historia-de-leon-(de-aquel-reino-de-leon-a-estas-flojedades)
Se cumplen 20 años de aquel mes de julio de 1987 en que se perpetró el crimen ecológico y humano de la inundación de Riaño.
No dejemos que destruyan la montaña Leonesa.
¡No! a la estación de esquí en San Glorio.
Regístrate gratis aqui
Somos ya 974 Llioneses
Ancares (8)Únete a nosotros aqui.
PAIS LLIONES
Comunidad Leonesa
León, Salamanca y Zamora
Email: Contacto | Publicidad | Colabora
© 2007 | Privacidad: Aviso legal