El espíritu leonés, por José Sánchez Rojas (1915)

29 abr 2012 0 comentarios

José manuel Sanz.- En esta entrada voy a transcribir directamente el artículo El espíritu leonés que el salmantino José Sánchez Rojas (1885-1931) escribió durante su estancia en Zamora en 1915. Lo he encontrado en una vieja librería del Madrid de los Austrias, y me ha resultado muy interesante.

EL ESPÍRITU LEONÉS

para Paco Antón

José Sánchez Rojas, hacia 1925
Zamora pertenece al Reino de León. Históricamente, geográficamente, espiritualmente. Con las provincias de León y Salamanca, como todos sabéis. Históricamente conocéis las andanzas de estos pueblos: Zamora, entraña de León, fue pisoteada por Castilla. Espiritualmente (tradición, carácter, paisaje y fisonomía de sus hijos, sabor actual y ecos de leyendas pretéritas) ni Zamora (Toro, Benavente) ni Salamanca (Ledesma, Ciudad Rodrigo, Alba de Tormes) ni León (Astorga, Sahagún) son pueblos castellanos. Así, León es una cosa distinta de Castilla.

Castilla es Castilla la Vieja, es Burgos, Caput Castellae.
Castilla es Castilla la Nueva, es Madrid, Toledo, Cuenca.

Pero León es, ante todo y sobre todo, Zamora. He descubierto estas cosas aquí en Zamora, ante este románico típico leonés, ante este paisaje, y no voy a ocultar mi descubrimiento a los sociólogos e historiadores de hogaño.

León es un pueblo exótico; la catedral estaría bien en Alemania, en el este de Francia, pero puesta donde está desentona con los portales de la farmacia del señor don Fernando Merino, Conde de Sagasta, y de las casucas miserables que le rodean. Frente a la puerta principal de la Pulchra Leonina han visto mis ojos una fuente retrechera que estaba pidiendo a gritos tres docenas de cartuchos de dinamita. San Marcos tampoco está bien en León. En León solo nos recuerda la tierra San Isidoro, el panteón de los Reyes, y alguna casuca hidalga, nada más.

Salamanca es un pueblo opulento, monumental, mimado por el sol, pueblo italiano a ratos… Solamente la Catedral Vieja, San Martín y San Marcos ya nos hacen evocar la historia de Salamanca.

Zamora, vista desde el Duero
En Zamora, en cambio, todo es leonés. Media docena de iglesias estupendas: San Juan, Santiago, La Magdalena, Olivares, y otras que no recuerdo (sin contar la catedral, San Salvador). La leyenda zamorana es leonesa: Doña Urraca, Men Rodríguez de Sanabria, el fiel amigo de Pedro el Cruel, el recio obispo Acuña, el comunero. El paisaje es leonés: el Duero, vegas del Duero, valles mimosos; Valorio, transición del paisaje salmantino al orensano, al astur y a la provincia de León. Ninguna opulencia, ningún exotismo en los edificios. Están colocados donde deben estar.

He tenido, voy teniendo, y tendré en Zamora la sensación de lo que era el Reino de León, de lo que todavía es y de las diferencias que le separan de la región castellana. León no era una mera nomenclatura geográfica; León era un pueblo intermedio entre lusitano, astur, gallego, extremeño y castellano. Más flexible que Castilla, y por ende, de menos personalidad. Con su amor a lo sencillo, a lo sobrio, a lo severo. Pueblo que sabe recogerse y saltar sin estruendo. Pueblo de altivez, de individualismo, repleto de gestos rebeldes. Pueblo el de León colocado entre corrientes opuestas y fluctuando, sin irse al fondo, en medio de ellas.

Castillo de Zamora
Mirad estas gentes zamoranas, leonesas, salmantinas. La unilateralidad y pobreza mentales del castellano no rezan con ellos. Tienen algo de la ondulación portuguesa y de la zorrería gallega (maragatos, sanabreses, charros). Ni idealistas como los castellanos, ni prácticos como los catalanes. Las dos cosas, en dosis suaves, a la vez. ¡Suaves tierras de León! Zamora es la entraña del viejo reino. Es ahora de noche, voy a salir de viaje; dentro de media hora rodaré por esas calles. Zamora duerme en el calor de una noche de Agosto. Ya he subido al tren. Y en todo esto veo la fisonomía actual leonesa: Doña Urraca, Acuña, Clarín… gente rica de recursos, taimadilla a veces, pero bonachona siempre. Y con la imaginación veo en una sola plazuela San Isidoro de León, la Magdalena de Zamora, la Catedral Vieja de Salamanca… otra cosa que se parece a Castilla, pero que no es Castilla. Una cosa cuya sensación da Zamora y solamente Zamora, algo ledesma, algo Ciudad Rodrigo, menos Benavente y Astorga, y casi nada Salamanca la dorada y León la paradójica, con su catedral gótica de países lejanos que duermen cerca del Rhin.

En el Reino de León, las almas, cuando vuelan, no pierden de vista los terrones patrimoniales, y debajo de la gloria se ofrece el botín con sus codicias tentadoras. Un sol rojo, de fuego; la puerta del mercadillo, el portillo del Carmen, murallas ruinosas que miran al río; la Zamora de usted, querido Antón, la mía, nuestra Zamora.

Zamora, 1915
José Sánchez Rojas
http://blogdejosemanuelsanz.blogspot.com.es/2012/04/el-espiritu-leones-por-jose-sanchez.html

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