¿EL GRIAL EN LEÓN? "LOS REYES DEL GRIAL"

4 abr 2014 0 comentarios

Ayer mismo (unos días antes de lo previsto) salió a la venta “Los Reyes del Grial”, firmado por la medievalista Margarita Torres Sevilla y por el historiador del arte José Miguel Ortega del Río. Como  me interesaba mucho, lo compré y esa misma tarde lo leí por completo. Este libro ya ha levantado una gran expectación desde hace un par de semanas, cuando el Diario de León desveló algunos detalles de su contenido. Por decirlo brevemente, sus autores defienden y documentan la tesis de que el Cáliz de doña Urraca, expuesto en el museo de la Real Colegiata de San Isidoro, es el llamado “Santo Grial”, es decir, la copa en la que Jesucristo bebió en la Última Cena y con la que instituyó el sacramento de la Eucaristía. 
Esta teoría, que ya contaba con algunos precedentes, se presenta ahora respaldada por nuevos datos arqueológicos y documentales. En primer lugar por el estudio de los componentes del cáliz con motivo de la realización de una réplica para el 1100 centenario del Reino de León, y que confirmó que está compuesto por dos copas romanas de ágata. La de la parte superior, protegida por una lámina de oro, aparentemente es de una tipología que la sitúa en el s. I d.C. En segundo lugar, y lo que es más importante, el arabista Dr. Gustavo Turienzo Veiga encontró sendos pergaminos del s. XIV en la Biblioteca Nacional de Egipto que, si se confirma que son auténticos, narran con bastante detalle el periplo del Grial (“la copa que dicen los cristianos que es la copa del Mesías”), desde Jerusalén hasta León. En el más extenso de los documentos se menciona que su destinatario sería Frdaland, (Fernando), “emir de Liyun”, es decir, Fernando I de León (que no de Castilla y León, como algunos todavía se empeñan en insistir), que reinó desde 1037-8 hasta 1065.
Ha habido varias informaciones erróneas en los medios sobre la investigación que contiene este libro. Por ejemplo, en ningún momento se afirmó que al Cáliz se le hubiera hecho la prueba del Carbono 14 (esta prueba sólo se realiza a sustancias orgánicas, no inorgánicas como piedra o metal). Pero tampoco es cierto que los autores eludan identificar el Cáliz de doña Urraca con la copa de la Última Cena: todos los capítulos conducen al lector en este sentido. 
“Los Reyes del Grial” se estructura en dos partes con cuatro apartados cada una: la primera parte se titula “Un largo camino de mil años”, y como su nombre indica narra la supuesta trayectoria histórica del Grial desde el siglo I hasta el XI. La segunda, “El Cáliz en León”, se centra en la parte leonesa de su historia, lanzando algunas interesantes hipótesis que relacionarían a los reyes leoneses con la saga épica medieval del Grial, y concluye con un rápido análisis y descarte de algunos de los principales “otros griales” del mundo, si bien se incide especialmente en el llamado Grial de Valencia.
Es un libro poco denso, con un tono divulgativo que lo hace muy ameno, a lo que ayuda el hecho de que no sea demasiado extenso (253 páginas de formato pequeño), aunque abundan las notas: 352 en total, colocadas todas juntas al final. Cuenta con 16 páginas de bibliografía, muy útiles para los que deseen ampliar conocimientos. 
Hay un aspecto sobre el cáliz que llama mucho la atención: si los reyes de León fueron los depositarios del Grial, ¿por qué no hicieron toda la propaganda posible? El reino ya contaba con un centro de peregrinación de primer orden: la hipotética tumba de Santiago Apóstol, cuyo descubrimiento sacudió a la cristiandad de Europa occidental. La propia ciudad de León era un punto muy importante en las peregrinaciones a Santiago por albergar los supuestos restos de San Isidoro (llevados a la ciudad precisamente por Fernando I). ¿Por qué no potenciar todavía más al reino de León con una reliquia de la categoría del Grial? 
Tenemos un ejemplo de utilización de reliquias como reclamo turístico-peregrino muy poco después de Fernando I, con la apertura del Arca Santa de Oviedo por Alfonso VI: resumiendo mucho, la mencionada Arca era un contenedor de reliquias de Jesús, la Virgen y varios Profetas, que teóricamente llegó a la Península después de un largo viaje desde Jerusalén. En el s. IX Alfonso II la guardó en Oviedo. Al parecer un obispo, comido por la curiosidad, intentó abrirla en torno al año 1035, pero del Arca salió una potente luz que dejó ciego al incauto eclesiástico y sus acompañantes. Más precavido, Alfonso VI organizó una solemne ceremonia de apertura el 14 de marzo de 1075 en la que estuvieron presentes varios obispos y miembros de la familia real. Esta vez hubo más suerte y nadie perdió la vista, saliendo a la luz un buen número de curiosas reliquias, como un fragmento del pan utilizado en la Última Cena, sangre del mismísimo Jesucristo, leche de la Virgen, etc., etc. Si queréis ver la lista completa, podéis leer el inventario que se realizó en la Edad Media. En cualquier caso, estas reliquias se usaron para crear o impulsar el llamado Camino de San Salvador, que provocó que muchísimos peregrinos a Santiago se desviaran hacia Asturias desde la ciudad de León, dando un rodeo, para poder venerarlas. 
Entonces, ¿por qué los reyes leoneses mantuvieron silencio sobre una de sus más preciadas posesiones? Sin dar una respuesta directa, los autores lanzan la hipótesis de que los reyes sólo dejaron pistas “en lugares reseñables para que iniciados las sigan”, haciendo una relectura del ciclo iconográfico de las pinturas románicas del Panteón de los Reyes Leoneses. 
En definitiva, “Los Reyes del Grial” es un libro muy interesante que trata sobre un aspecto histórico del que todavía queda mucho por saber y, tal vez, por descubrir. 

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