…en el bosque de Hormas

12 ene 2013 0 comentarios

...caminando por el viejo bosque de “Hormas”, en el silencio de invierno.

Caminar por los senderos del Bosque de Hormas (no pistas), es un placer para los sentidos de cualquier mortal y un refugio para aquellos que llegado un momento, necesitan huir del mundanal ruido. Hormas es, después de conocer otros lugares, un sitio especial. Sus antiquísimas sendas surcadas durante generaciones por nuestros antepasados,  guardan especialmente en algunos tramos, la magia sugestiva del tiempo, escondida celosamente durante el paso de los siglos bajo la gruesa y arrugada corteza del viejo Roble que vigila. En un segundo. Grandes ejemplares de este precioso abuelo del monte aparecen ante nuestros ojos mientras surcamos sus laderas entre manantiales, pandas y hondonadas casi siempre bajo el manto del bosque. Reales testigos de ese tiempo, y de sus secretos. Secretos del viejo Monte. Todo un reencuentro con nosotros mismos, con lo que somos de verdad en medio de la crudeza y exuberancia de la Naturaleza que atesoran estos parajes. Oxigeno para nuestra amnésica memoria.
Tuve un primer contacto con este monte en la cocina de casa oyendo hablar de el y de sus nombres de lugares en las conversaciones entre mis parientes; especialmente en los miembros ganaderos que vivían en la casa de la familia de Cuchita y Félix Valbuena. Sonaban palabras de sitios a los que la imaginación difícilmente puede desdeñar como: “Prao Rey” , “Hoyo del Osil”, “Ombellina”… No conocí de verdad este monte hasta casi los 20 años y todo lo que había imaginado, al conocerlo, no me decepcionó sino al contrario. Mis primeras incursiones en Hormas allá por los años ochenta, fueron como ojeador en las cacerías de jabalí de las cuadrillas del pueblo. Fue entonces cuando comencé a ser consciente de lo que era en realidad ese monte y lo que debería poseer para mi pueblo, mi gente, tanta magnanimidad como quien dice, al lado de casa. Eran los días del oso “Salsero” y su seguimiento por parte de Tony Clevenger al que recordamos ver con su lento Suzuki Santana blanco y su antena asomando, por las pistas de Hormas.
También en esos años anteriores a la destrucción de los pueblos que se avecinaba, tuvo lugar uno de los peores sucesos en la historia conocida del monte de Hormas, un incendio que calcino una de las mejores zonas de monte viejo (Hoyo del Osil) donde los grandes tocones de roble rodaban ardiendo ladera abajo, provocando de nuevo mas focos de incendio. Así lo cuentan quienes estuvieron allí para intentar sofocarlo. Desde entonces, el bosque de Hormas ha seguido creciendo sin más serios contratiempos. Más si cabe que antes, cuando era explotado sobre el terreno por nuestros viejos paisanos que obtenían además de madera y leña, su sustento de el con cabras, ovejas, vacas, burros, gochos etc… que mantenían el monte a raya sin hacer nunca grandes destrozos. El monte y sus lindes se mantenían claras y limpias sin casi zonas intermedias de crecimiento descontrolado. Solo hay que fijarse en las fotos antiguas para comprobarlo. 
Hoy, en la era de las nuevas tecnologías tan avanzadas y de la mecanización sin casi límites, los trabajos de limpieza que se realizan con costes económicos importantes, no han conseguido sustituir, ni con mucho, el trabajo de nuestros abuelos, bisabuelos y sus cabras y ovejas con un conocimiento mucho más cercano y constante de sus problemas y sus soluciones en un entorno natural de convivencia. Hoy, toda esta forma de vida creemos, ha sucumbido al “progreso” más ciego y prepotente, ignorante de toda consideración incluso por los que viven y descienden de ella, hacia los motivos por los que se ha conservado durante generaciones. Personas cada día mas ajenas al conocimiento ancestral de nuestro patrimonio que es el bosque,deciden su destino. Los Bulldocers rompen el monte sin miramientos y las motosierras destruyen sin mostrar el menor respeto, pasos únicos de lugares que podríamos llamar sin ruborizarnos, idílicos. Algarabías bulliciosas y ruidosas con concentraciones de coches alrededor del lugar llamado “los Casares” para hacer uso de las infraestructuras de merenderos (tres por falta de una). 
Parece que nada importa por encima de nuestras apetencias circunstanciales, ni nada es más importante que nosotros, ahora. 
Mirando al pasado con responsabilidad solo cabe una pregunta que todos debemos hacernos: ¿Qué heredarán nuestros hijos?

Bajo la sombra veo mi descanso, bajo el sol.

RIAÑO VIVE
Plataforma por la Recuperación del Valle de Riaño

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