…en la merienda del monte

18 oct 2015 0 comentarios

Ejemplar de roble albar de bosque de Hormas (Riaño-León)

Los “desmanes” de Hormas. (3ª parte)
Después de años caminando  por nuestras montañas,  hay impresiones que quedan,  y a través del tiempo,  lejos de desaparecer por el discurrir de “nuevos tiempos”; que nos dicen, mejores y más modernos; continúan…
Siempre nos ha llamado la atención tras años andando por senderos y caminos de nuestras montañas, algunas cosas que os querremos comentar. Algo que nos ha producido a la vez, tristeza y mal humor al contemplarlo. Nos referimos a la insensibilidad y desmesura con la que en nuestros montes y entorno en general, se llevan a cabo tareas de todo tipo, y que suponen de alguna forma, cambiar la percepción que hasta entonces teníamos de esos lugares, conocidos, disfrutados y compartidos por todos, desde siempre. Lugares, que en muchos casos, cuando se llega a tener cierta edad, se echan de menos en su estado original; al haber resultado ser al fin y al cabo, su cambio; fruto de una moda pasajera o un capricho o deseo interesado, o cómo no, de una “sumención” con mucho dinero pero sin ningún fundamento.
Como estamos en Hormas, resaltamos algunos ejemplos que a la vista de todos están como son los merenderos de doble servicio con cimientos de hormigón “armao” en hierro que se han construido en el lugar conocido por todos los riañeses como “Los Casares”. Sin duda, es un lugar acogedor, con una fuente de la que mana un agua tan estupenda como fría, idóneo para pasar un día agradable comiendo unos churrascos a la parrilla o lo que se tercie con los amigos y la familia; pero para eso, no hace falta destruir lo que fue antes, quitándole de cuajo buena parte de su encanto. No olvidemos que estamos en “Los Casares” y aunque no lo parezca, por el nombre que tiene, es el corazón de los valles de Hormas. Lo mismo sucede en el lugar llamado de “Boca San Pedro”, merenderos de hormigón “armao” por partida doble en medio de este otro Valle de Hormas. Si nos lo permiten decir, es de chiflados.
La desmesura y la falta de escrúpulos se encuentran en Hormas y en toda la Montaña de Riaño por añadidura, a cada paso que se dé. Siguiendo las huellas de los caminos abiertos a golpe de excavadora donde nada se respeta; ya sean praderas donde el acero deja marcadas sus cicatrices en forma de profundos cortes, o en el interior del bosque, con centenarios acebales grandes y sanos, partidos en dos; atravesados por una brecha abierta en la tierra a modo de camino. Acciones que alteran el paisaje original de lugares durante siglos casi inalterado; y que en la mayoría de los casos se podría haber evitado sin apenas esfuerzo, por el mero hecho de no haberlo decidido así en el momento. Así de sencillo. Así de inconsciente.
Hoy, las gentes del pueblo, lejos de tratar con mimo nuestro mejor tesoro, seguimos actuando, inconscientemente o no,  de una manera egoísta y depredadora; lo que supone, ir en contra de nuestros viejos por ancestrales, intereses comunes y sobre todo, de los que vendrán detrás. A la larga, un camino hacia la nada.
Preservar este legado de lugares como son el Bosque de Hormas, es, además de una obligación por parte principalmente de sus más cercanos y legítimos propietarios, una apuesta verdadera por el futuro de nuestra aun, preciosa tierra.
La falta de civismo y buen gobierno en la Montaña de Riaño en general, al día de hoy, es algo patente. Solo tenéis que andar los caminos y observar. Una situación, que una vez más volvemos a decir, comenzó agravándose con la llegada de la sentencia del pantano. Circunstancia esta, que a través de los años ha hundido bajo el agua embalsada  algo más que los preciosos valles de la otrora rica y prospera Montaña; la moral y el sentido común de las gentes de los pueblos anegados y circundantes.
En este escenario desalentador, solo deberíamos fijarnos en conservar con mino la herencia que nos queda de nuestros mayores y dejar de tratarnos a nosotros mismos tan mal como lo hacemos. Comenzando por nuestro entorno, ya que es lo que todos de verdad compartimos, incluso más, en la soledad.


Salud para “cantenerse” paisanos.

Un ejemplo sin importancia
Algunas de las acciones realizadas por los organismos públicos en la Montaña de Riaño son con la intención de dar un servicio lúdico a quienes se acerquen hasta nuestras montañas y quieran disfrutar de un entorno natural como el nuestro. Hacemos mención de una caso que nos parece significativo y a la vez casi cómico, de cómo se hacen algunas de estas cosas por aquí, suponemos que “desde un allí”.
Se trata de la “zona de recreo” creada en el lugar llamado de “las Camperas” camino del pueblo de Casasuertes. Lo que fue un lugar bello y relajante a la orilla del río, entre el curso del agua  y la carretera. En él, se han instalado hace ya varios años, tres mesas con gruesos tablones sobre zapatas de hormigón sujetas con fuertes herrajes metálicos que a la vista ha quedado en una de ellas pues ya hace tiempo una mesa ha desaparecido. Las otras dos, están en medio de la campera, en los mejores lugares que antes eran para descanso; bajo el haya y al lado del río. Una parrilla de ladrillo pegada a la gran roca caliza que flanquea la campera, con un cartelito al lado que dice: “prohibido hacer fuego”. También está el haya que domina el lugar, podada; donde antes sus ramas en verano, daban una confortable sombra; suponemos que la podaron para que los campistas urbanos no se sacaran un ojo con sus ramas mientras comían, al levantarse.
La solución a tanta estupidez parece fácil, pero, como ya hemos dicho, han pasado varios años y los herrajes de las mesas siguen aferradas al cimiento de hormigón en medio de la campera, y los que más iban por allí a pasar el día, hace tempo que no se les ve. 
Salud, paciencia, y sentido común para todos.

Una insignificante sugerencia
Si de verdad ustedes quieren disfrutar y ofrecer al visitante toda la magia de un lugar tan especial como es el bosque de Hormas, en Hormas; por ejemplo, en “los Casares”; solo tienen que  mirar a su alrededor y olvidarse por un momento de sus más superfluas apetencias y costumbres de su cotidiana vida actual y hacer un poco de honor a su pasado, que es lo mismo que decir, a sus antepasados; a los antiguos hombres y mujeres que trabajaron la tierra, cuando la tierra les daba el medio de su vida; dando como resultado, un paisaje de genuina armonía.
Si viene usted a comer o merendar en grupo con sus amigos, familia o ambos, no le impediremos desplazarse con su  4×4  si tiene mucho que cargar; pero si, a todos los demás hasta el mismo lugar, con su vehículo utilitario particular. No hay señal de Parquin.
Si quieren de verdad disfrutar de un lugar original para compartir, han de demoler de cuajo las dos  estructuras de hormigón “armao” en hierro actualmente construidos; y a tal efecto, restaurar el invernal que en ruinas se encuentra un poco más adelante del viejo camino, con sus mismas piedras y estilo. Monte y pradera, piedra vieja y teja vieja que las cubra, serán el mejor de los lugares para que nuestro cuerpo y mente se sienta en comunión no solo del chorizo que nos vamos a yantar.
Buena tarde amigos.
Restos de la Parrilla construida en piedra y ladrillo en medio de la campera de “Los Casares”. Lleva ahí 5años.
Riaño Vive.
Plataforma por la Recuperación del Valle de Riaño

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