Entrevista a Villalba en el Diario de León

17 jul 2006 0 comentarios

La creación de un fondo de cohesión intraautonómico es a juicio de Villalba uno de los grandes retos del próximo Estatuto, junto con la descentralización y la municipalidad
Esta es la semana crucial en la que la ponencia para la reforma del Estatuto de Autonomía presentará a las Cortes su documento básico para el debate, un terxto en el que destaca la definición histórica de Castilla y León con su origen en el antiguo Reino de León, el reconocimiento del leonés como idioma, además de cuestiones como la descentralización de la administración o la creación de un fondo de cohesión interterritorial para salvar las enormes diferencias de renta que aún existen entre los ciudadanos de los distintos territorios.

-¿Por qué resulta tan complicado encajar el papel de León en el nuevo Estatuto?

-No ha resultado nada complicado. León está encajado en este Estatuto históricamente, culturalmente, lo está también desde el punto de vista social y desde el económico; creo que hemos logrado, no sólo hablar de cohesión, que el actual Estatuto también hablaba de la necesidad obligada de la cohesión territorial que es igual a equilibrio y a protagonismo colectivo de nuestro territorio, sino que damos un paso más y establecemos un periodo, que nuestra idea es que coincida con el escenario europeo 2007-2013, que debe provocar la convergencia y la igualdad de todos los territorios, y ahí está León, ahí está Zamora, está Salamanca, ahí están esos más de treinta puntos que nos separan de otros territorios como Burgos o Valladolid, por tanto creo que este Estatuto va a ser muy preciso, muy ambicioso. Pero, ¿qué ha pasado históricamente? Pues yo creo que quien en los años 83, 84 y 85 hizo bandera de independentismo y de rebeldía hizo un flaco favor a León. También sucedió en Burgos, que tenía establecida la capitalidad allí, y gobernantes poco inteligentes y obtusos la rechazaron. Yo creo que la actitud de hostilidad permanente al principio de la configuración autonómica de Castilla y León creó un sentimiento que a veces se confundía con el pudor y ocasionó falta de convicción para dar un buen repaso a la historia y al reconocimiento de León.

-El reconocimiento del Reino de León como origen histórico de la comunidad, ¿es una cuestión testimonial, o cree que tendrá consecuencias palpables?

-Hemos hecho un preámbulo nuevo, contrastado además por la credibilidad que da el que gran parte de él proceda de una historiadora como Margarita Torres; a su aportación desde el PSOE y el PP hemos añadido -nunca suprimido- algunas otras ideas que a nuestro juicio eran fundamentales; pero es que la historia es así, y por lo tanto en el Estatuto va a aparecer el Reino de León, van a aparecer las primeras Cortes democráticas de Europa y esa fecha mágica del 1188, tiene que aparecer la universidad más antigua de España, que es la de Salamanca, tiene que aparecer la fecha en la que los reinos de Castilla y de Portugal se degajaron del de León, etcétera. Todo eso no será suficiente para muchos, seguro, pero sí que tendrá rigor histórico.

-¿Se puede pensar a raíz de esta reforma estatutaria en una descentralización administrativa desde Valladolid?

-Aquí hay varios debates, primero el del centralismo; en estos días he oído la opinión de muchos representantes sociales y económicos de León, que al hablar de más respeto, de más aportaciones o de más apoyo para León, hablan claramente de León provincia; evidentemente hablar hoy de un frente común político o administrativo de León, Zamora y Salamanca no tendría mucho sentido, sobre todo porque en Zamora y en Salamanca verían en León otro centralismo como el del que queremos huir en este momento. El problema de una comunidad autónomía, no es su definición, sino el mal o el buen gobierno que se haya realizado, y evidentemente el Partido Popular no ha logrado profundizar en sentimiento identitario de comunidad porque ha gobernado mal, y los ciudadanos ya identifican el gobierno y su sede con un efecto negativo de esa actuación durante veinte años, pero no hay que confundirlo; se puede tener el mejor Estatuto del mundo y un mal gobierno, y yo quiero recordar que el actual tiene aún cuarenta competencias que no han sido desarrolladas por los gobiernos del PP, y lo tengo que decir alto y claro, pero también tengo que decir que un buen Estatuto necesita un buen gobierno, y la gente no puede responsabilizar al Estatuto, ni al Estado de las autonomías ni a la existencia de Castilla y León de la situación de León, que procede seguramente de políticas equivocadas del PP.

-Martín Villa dijo que ésta no era la comunidad que él quería, que tiene la cabeza muy grande y unas extremidades raquíticas…

-Me parece claramente irresponsable que para discutir una pequeña ayuda para un municipio de Castilla y León, el alcalde y los concejales tengan que recorrer los pasillos y esperar a que los reciba un director general de la Junta; eso es retroceder en la concepción de la política moderna, caracterizada por la proximidad en la toma de decisiones. Yo creo que el PP no ha querido avanzar en ello porque quiere tener férreamente sujetado el poder, y ha condenado a los delegados territoriales de la Junta a ser meros comisarios políticos sin capacidad de decidir; ese es el grave problema de Castilla y León, la centralización política realizada por un mal gobierno que no ha entendido lo que es el Estado de las autonomías. Le pongo un ejemplo: la ley que fija la sede de las Cortes de Castilla y León permite que las sesiones plenarias de este órgano puedan tener lugar en cualquier municipio de la comunidad, y ese es un trabajo que tenía que haberse hecho hace mucho tiempo, y vincular a muchas ciudades como sedes permanentes para determinados debates, pero no se ha tenido en cuenta ni la voluntad del legislador ni esa capacidad de descentralizar. Por cierto, que ha habido un consenso total entre quienes hemos trabajado en la reforma para la utilización preferente, si no exclusiva, del término autonómico en lugar de regional, para que Castilla y León asuma los dos territorios históricos.

-¿Tiene sentido, aunque sólo sea por razones de economía, que coexistan las delegaciones territoriales de la Junta y las diputaciones provinciales?

-Ese es un debate que perdura en el tiempo y que desde luego no ha tenido una respuesta acertada desde el Partido Popular; nosotros en nuestros cuatro años de gobierno preferíamos otro modelo, que además trabajaba muy bien con las provincias y la institución provincial, que era el de las responsabilidades políticas, con capacidad de decisión también por cierto, determinadas por consejerías; establecíamos delegados territoriales de cada consejería, no había un delegado territorial como ahora puede haber un presidente de Diputación, con lo cual no se colisionaba con el modelo, se abarcaba más y se llegaba con más claridad en las necesidades, porque un delegado, una sola persona, es imposible que pueda tener en su cabeza todas las áreas de una provincia, y tendremos que dar un cambio importante en el próximo gobierno, un gobierno del Partido Socialista con toda seguridad, persiguiendo la descentralización, el impulso a la provincia y a un modelo tan querido como es la Diputación Provincial, y ordenar el mapa institucional de Castilla y León.

-¿Siente que la constante reivindicación leonesa provoca antipatías hacia la provincia en el resto de la comunidad?

-No, mire, si ahora mismo se abriera el mapa autonómica y se dijera, vamos a reformar aquello que no tiene el respaldo ciudadano, no se abriría un debate en León, sino nueve debates en Castilla y León; es decir, el sentimiento de incomodidad con el proyecto de Castilla y León, hay que decirlo, es general, y lo sienten los salmantinos, y los abulenses, la gente de Soria, qué le voy a decir de Segovia o de Palencia. Mire, no puede ser que en una misma comunidad convivan dos realidades socioeconómicas como Zamora y Burgos, situadas a 35 puntos de diferencia en convergencia europea; ninguna otra comunidad autónoma ni ninguna región europea tiene ese nivel de desigualdad, y eso aquí existe además a nivel intraprovincial, incluso en Valladolid y Burgos, porque Tierra de Campos en Valladolid es una de las comarcas más pobres de Castilla y León, y eso es lo que ha generado desafección, falta de respaldo y desconfianza en el modelo. El nuevo Estatuto plantea la creación de un fondo de cohesión intraautonómico para avanzar hacia la convergencia.

-¿Por qué está fuera la UPL de la ponencia del Estatuto?

-Por decisión propia; cuando un grupo político, y yo entiendo que ese es su discurso y que si no lo tuviera no le queda ningún otro, lo que está pidiendo es un cambio en el modelo autonómico sabiendo que es imposible, no tiene sentido que se siente a debatir aspectos que en el fondo están respetando el actual modelo. Nosotros queremos tener más autogobierno, ser mejor comunidad, que éste sea el Estatuto de la sociedad entera, pero claro, hablamos del Estatuto de Castilla y León, y la UPL no está hablando de lo mismo.

-¿Cree que una reforma estatutaria que colme el sentimiento de León podría hacer que la UPL dejara de ser una opción necesaria?

-Yo creo que la UPL tiene un colectivo ciudadano detrás, el que sea, tiene un papel en esta provincia y es muy respetable; ese papel debe jugarlo con un discurso, pero es un discurso que muchos ciudadanos aceptan, por lo tanto, mis respetos para ellos. Yo no pretendo que en el futuro haya un mapa político en Castilla y León conformado por los dos grandes partidos; yo creo que a veces a todos nos ha venido bien que una tercera fuerza nos dé ideas, nos dé estímulos y también nos dé argumentos para debatir.

-¿Qué puntos no se puede sobrepasar en la reforma?

-Hay una básica, y el sentido común nos lo dice, que es el respeto constitucional. Yo creo que hemos sido absolutamente libres para trabajar en esta reforma que es ambiciosa; vamos a hacer un Estatuto, si no superior, igual al mejor, y esta fórmula hará que todas las autonomías pasaremos a ser comunidades de igual velocidad. Más allá de la Constitución sólo hay un límite, y es que el modelo sí se ha consolidado, Castilla y León es una comunidad autónoma, y a quienes quieren un debate de siglos yo les diría que aunque la comunidad tiene 23 años de vida, lo que sí tiene es un futuro espléndido por delante en el que todos tenemos que trabajar.

-¿El leonés es un idioma, un dialecto o qué es?

-Se lo digo muy claramente, porque ahora me tiene usted como lingüista; el leonés es una lengua romance que surge en el mismo momento en que surge el castellano, y el gallego, el catalán y el aragonés; por tanto nace como lengua y como lengua tiene también sus documentos escritos, literarios y también de carácter comercial, y tiene su poesía en los siglos XII y XIIIa. A partir de ahí qué duda cabe que el impulso del castellano y el respaldo político que se le da como lengua oficial de la corte va arrinconando a aquellas lenguas hermanas, y lo que le sucedió al leonés le sucedió al otro lado, al este, al aragonés, que han decaído por el respaldo institucional que ha hecho del castellano la gran lengua de este país y del mundo. El leonés queda restringido en Asturias, en los bables, que son dialectos del leonés antiguo, hablas de Laciana, de La Cabrera o del Bierzo, parte de la lengua se extiende a la comarca zamorana de Sayago, e incluso a Portugal, en Miranda do Douro, que son muestras de este leonés que existió y del que todavía permanecen algunas muestras.

-¿Cómo quedará reflejado el leonés en el Estatuto?

-Creo que se ha conseguido sensibilizar al conjunto del Parlamento en lo que es el reconocimiento a una antigua lengua, lengua del mismo rango que el castellano, y que luego sólo por cuestiones políticas fue perdiendo rango, pero que todavía se habla, y a mí me parece que la lingüística es un patrimonio que se debe respetar y por tanto va a estar ahí. Nosotros hemos puesto, bien es verdad que está pendiente de debate aunque creemos en esta apuesta y estoy seguro de que el PP la entenderá perfectamente, la creación del Instituto Alfonso IX, el rey zamorano que creó en León las primeras Cortes democráticas de Europa, que impulsó la Universidad de Salamanca, muy vinculado por tanto a nuestra tierra y nuestra cultura, y queremos que ese instituto desarrolle el impulso a la cultura de Castilla y León, la profundización en su historia, el reconocimiento de su patrimonio y su etnología, y sobre todo que debe trabajar en torno aquellos valores, como la paz o la democracia, ligados a las Cortes que él convocó. Y no es un órgano retórico, queremos que en ese instituto se engloben todas las instituciones públicas y privadas que estén trabajando en estos campos y que sea el gran agente cultural y social de Castilla y León con autonomía, sin una dirección política, y León, y que sea un órgano de referencia nacional e internacional.

-¿Y cómo se articulará la promoción del idioma?

-Yo creo que debe de estar en torno al Instituto Alfonso IX, pero evidentemente tiene que estar ligado a las universidades, con tesis doctorales, estudios, tal vez alguna cátedra específica, divulgación en los institutos de lo que fue el leonés; yo creo que hay muchas fórmulas.

-¿Qué hay de los gallego-parlantes del Bierzo?

-Del Bierzo y de Zamora. Lubián tuvo a una persona que fue además alcalde, como académico de la lengua gallega. El gallego se debe respetar y se debe potenciar su utilización con naturalidad en los centros de frontera, y ya lo permite el actual Estatuto. Si en Vega de Valcarce se habla gallego, y se habla, debemos dar a los niños la oportunidad de estudiarlo en su escuela, igual que en Zamora, o que en Miranda de Ebro con la enseñanza del euskera, porque son territorios que tienen la obligación de entenderse con las comunidades vecinas

-¿Cómo quedará el Bierzo en el nuevo Estatuto?

-En este Estatuto de autonomía, además del reconocimiento del Reino de León como soporte fundamental de la unidad y de la creación de nuestro país, hay un reconocimiento expreso de la comarca del Bierzo, que a partir de ahora será «la Comarca», y aunque habrá espacio para la creación de otras, es verdad que ninguna de las que se puedan formar, y para ello se necesita, además de voluntad política de quien gobierne, y el PSOE la tendrá, el sí de todos los ayuntamientos que pertenecen a ella; en este momento puede ser que el Valle del Tiétar y la Montaña Palentina puedan en muy poco tiempo sacar adelante su reto comarcal, pero independientemente de ello, qué duda cabe que la Comarca del Bierzo es «la Comarca» de Castilla y León, y en el texto vamos a señalar claramente ese papel del Bierzo y su reconocimiento por razones no sólo geográficas y territoriales, sino también culturales, sociales y políticas, y yo quiero recordar que durante unos años en el siglo XIX el Bierzo fue provincia, la provincia de Villafranca, y fue la definición posterior de Javier de Burgos, en 1833, la que la anuló, y fue por cierto la única provincia de España que fue suprimida en el nuevo modelo administrativo. Pero además del papel histórico, también el papel económico y cultural del Bierzo quedará recogido en el nuevo Estatuto. También se creará un Consejo de Cooperación Local, que sustituirá a los actuales consejos Local y de Provincias, en los que no tenía cabida la Comarca del Bierzo.

PD: Aquí Villaba demuestra no tener ni idea de historia: junto con el Bierzo en 1833 desaparecieron las provincias de Játiva y Calatayud. Además, la división provincial de 1822 fue un proyecto que no se llegó a llevar a cabo, porque fue realizado como división electoral, y las elecciones no llegaron a tener lugar. Hay muchos más puntos oscuros sobre esta división de 1822 que algún día explicaré en un articulín al efecto.

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