ENTREVISTA / LAUREANO RUBIO / Catedrático de Historia de la Universidad de León

6 feb 2006 0 comentarios

Laureano Rubio, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de León, defiende en esta entrevista las razones por las que León, como reino que fue y región que es, tiene derecho a ser autonomía. Al menos, a que se respete su identidad histórica.


P.— ¿El leonés ha perdido el arraigo a la tierra y ése es el germen de lo que ha pasado después?

R.— Sí. La clave está ahí. Las provincias vascas, por ejemplo, se mantuvieron en la órbita de la Corona de Castilla como el Reino de León y, sin embargo, conservaron unos elementos identificativos, no tanto de su historia. En el Reino de León tuvimos unas instituciones idénticas, unas juntas generales de tierra similares a las de Vizcaya. Pero el proceso ha sido distinto. Mientras en esos territorios, por el desarrollo político, tendieron a aferrarse a sus señas de identidad, incluso creando una bandera que no tenían, los reinos de León y de Castilla fueron desprendiéndose de su patrimonio, de sus intereses. No les preocupaba la memoria histórica. ¿Por qué? En primer lugar, porque la emigración fue fuerte en momentos claves, la despoblación, el propio sistema de poblamientos, que es muy distinto al de Cataluña o Andalucía… Por ejemplo, la bandera, el Pendón de León. Una de las enseñas más antiguas de Europa, detrás de la cuál está una configuración de un reino, de una administración. Que después se integra como el Reino de Galicia, de Jaén… en la Corona de Castilla. Un Reino que institucionalmente se mantiene hasta el siglo XIX —ahí está el Real Adelantamiento de León o las divisiones de Floridablanca—, hasta la creación de las diputaciones y las nuevas provincias que introducen nuevas enseñas y desplazan a la bandera de León, que ya no ondea ni en Salamanca, ni en Zamora ni muchos menos de territorios de donde salieron los repobladores de ese reino, como el Bierzo. No olvidemos que hasta en las Cortes de Cádiz hubo representación del Reino de León.

P.— El himno de León dice que «sin León no hubiera España antes que Castilla leyes». ¿Qué fue antes Castilla o León?

R.— La Historia está ahí. El Reino Astur y después el Reino astur-leonés es anterior al de Castilla. No olvidemos que los Reyes de España se entitulan por primera vez así en el siglo XIX. Hasta entonces todos los reyes eran: reyes de Castilla, de León, de Navarra, de Aragón, de Valencia, de Galicia, de Jaén, de Sicilia… Eso es significativo. Eran reyes de sus reinos, independientemente de la Corona de Castilla y la Corona de Aragón.

P.— ¿Por tanto León y Castilla son dos regiones distintas?

R.— Es un término distinto, que también hay que aclarar de una vez por todas. Una cosa es la división administrativa que se forma a partir del Estado de las Autonomías, con dos realidades históricas, territoriales y sociales distintas que son Castilla y León. Por eso se pone y León, no como Castilla-La Mancha. Y otra cosa es el término región que se está utilizando. En primer lugar, región es un concepto geográfico. Lo que pretenden algunos es: identifiquemos esta región porque así identificamos Castilla y León. No. Son cosas distintas. La realidad histórica está ahí. El Reino de León existió, incluso con sus instituciones propias. Ni los Reyes Católicos las eliminaron a pesar de la presión que hizo la nobleza en el época.

P.— Y si historiadores de la talla de Sánchez Albornoz o Caro Baroja reconocen la importancia del Reino de León en la Historia, ¿a qué responde este intento de unificar todo?

R.— Esos historiadores estaban en un contexto político muy distinto del actual. No estaban influenciados por lo que hoy está en juego. No tenían el problema de la España de las autonomías.

P.—¿Pero la Historia es la misma?

R.— Efectivamente, y nadie puede rebatirla. Lo que se está haciendo por parte de algunos, que a su vez critican a los vascos, es intentar manipular el proceso histórico con unos fines que son políticos y que se resumen en el preámbulo de la Fundación Villalar: «crear una conciencia castellano-leonesa…»


P.— Por tanto, ¿considera que la Fundación Villalar es un ataque a las señas de identidad de León?

R.— Lo dicen los estatutos. Primero se equivocan. Una conciencia no se crea de la noche a la mañana. La identidad de los pueblos viene de muy lejos. Hasta el siglo XIX, es decir, hasta ayer, los vecinos de Toreno, o los de Grisuela del Páramo o los Grajal de Campos, cuando se reunían en concejo se identifican de esta forma: vecinos del pueblo, que está en la provincia de León, incluso hablan de la provincia del Bierzo y dicen que son del Reino de León. La gran fuerza de la Historia es que puede utilizarse como un instrumento y se ha utilizado como instrumento incluso de guerra. La manipulación se practica por aquellos que tienen el poder, intereses. El invento de la España de las autonomías, porque para mí fue un invento, tuvo que hacerse deprisa, pero lo que está claro es que no se hizo con el mismo criterio para todos. Logroño era una provincia de Castilla, además de las más importantes, y se le da una autonomía. Unos dicen que porque era una forma de cercar al País Vasco y otros que existía una burguesía vinícola que no permitía ser gobernada desde Valladolid. No lo sé. Algún día se investigará. León tuvo un problema. En los dos últimos siglos, las provincias que pertenecían al Reino de León perdieron el 80% de su identidad histórica. En parte porque el nombre del Reino de León coincide con el de la provincia de León y se sienten un poco desarraigados.

P.—Con la que está cayendo por el Estatut de Cataluña, algunos dicen que Castilla y León fue una especie de contrapeso a los poderes periféricos.

R.—A mí me da la risa porque no somos ni unos, ni grandes, ni nada. Somos grandes en extensión. ¿Y qué? Si nos van a quitar la PAC. ¿Qué pensaban, qué el territorio importaba como en la Edad Media? Sólo hay que ver el PIB de Murcia o La Rioja. Es increíble. Los políticos leoneses, incluso los zamoranos y salmantinos, tienen que reírse de esta autonomía en el ámbito privado. Lo que ocurre es que están en un sistema donde no van a decir que se han equivocado. Estoy de acuerdo en decidir sobre todo lo que afecta a España, como ahora pasa con el referéndum del PP. Tendrán que decidir los españoles. Y añado: también se tendrá que consultar a los habitantes del antiguo Reino de León. ¿Qué pasa con sus derechos históricos? Ya es hora. Después que cada uno diga lo que quiera. Pero no podemos renunciar a diez siglos de historia común de León, Zamora y Salamanca.

P.— ¿El leonés desconoce su historia?

R.— Sólo hay que ver lo que los políticos se ocupan de la cultura.

P.—¿No está cambiando?

R.— Si los políticos quisieran, sí. Esta es una sociedad dormida, que se ha dejado de identificar. Antes, un minero o un agricultor luchaban por el precio de los tajos o por el precio de las alubias. Pero hoy, tú vas a un campesino y le dices que el futuro de su hijo está en el pueblo y te dice no. La sociedad leonesa, igual que Zamora, que no tiene futuro. Y cada vez van a mirar más el presente, porque es una sociedad envejecida.

P.—Y el leonesismo.

R.—Algunos intelectuales dicen que son leoneses, no leonesistas, y yo me río. Ser leonesista requiere ser leonés. Encierra un sentimiento, igual que catalán o catalanistas, que no es una cuestión política sino sociológica de aquella persona que se considera leonesista en función de defender su tierra. La provincia de León, a pesar de todas los cambios y todas las reformas, es una de las más antiguas de España y la que menos ha variado territorialmente. En León aún hoy se conservan más de 1.300 juntas vecinales. ¿Acaso la gente no se ha parado a pensar por qué se conservan desde la Edad Media? ¿Y por qué se conserva el concejo en los pueblos? Ese sentimiento existe y se ha ido ampliando a lo largo de los 25 años de respuesta a una comunidad que tiene un centralismo puro y duro en Valladolid. El mayor leonesista es el alcalde de Valladolid.

P.—¿La reforma del Estatuto de Castilla y León es la última oportunidad?

R.— En la vida las oportunidades se presentan cuando se presentan, y si las dejas pasar, a lo mejor, no se repiten. Es una oportunidad. Parece mentira no se diga Reino de León y se diga provincias del Oeste. ¿Qué tenemos que ocultar? ¿Por qué no hablamos de las provincias del Reino de León? Es denigrante. Vamos a consultar al pueblo

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