Feliz aniversario, señor Pidal

6 jul 2006 0 comentarios

Ramón Menéndez Pidal fue un reputado historiador y lingüista al que los escolares leoneses conocerán por su descubrimiento del «Cantar de Mío Cid». Sin embargo suelen ignorar que fue además el primer investigador en ofrecer una visión sistemática y de conjunto de la lengua tradicional del Reino de León. Son ya cien años los transcurridos desde la publicación de un trabajo suyo titulado «El dialecto leonés» y que significó el arranque de otros muchos estudios y monografías dialectales sobre una lengua de la que ya entonces se decía que sólo hablaban los viejos.Hoy, en el Palacio de los Guzmanes, la editorial El Búho Viajero presentará en público una edición conmemorativa del centenario del estudio pidaliano. Es posible que el escenario sirva para recordar que, después de un siglo, las instituciones públicas siguen sin hacer nada, realmente serio, en favor de la pervivencia del idioma, y es posible también, que por encima de la afortunadísima idea de Miguel Sánchez, el responsable de esta reedición, sobrevuele en el ánimo de todos los presentes el también centenario tópico de que el leonés «sólo lo hablan los viejos».

Hay ideas que se repiten en la sociedad, creo que de la misma manera en la que se repiten los círculos que traza el agua cuando desaparece por el sumidero de la bañera en cualquiera de nuestras casas. Son tópicos absurdos, porque si hace cien años el leonés sólo era hablado por viejos ¿cómo es posible que no estemos en la cabecera de los noticiarios de todo el mundo con ancianos que superan los doscientos? Son en realidad ideas recurrentes que sirven a los cínicos para justificar su dolosa inoperancia, pero que confunden a la mayoría de los ciudadanos y los contagia de indolencia.

Al pensar en esto es cuando me asalta la idea de si, dentro de otros cien años, nuestros biznietos o tataranietos se preguntarán cómo pudimos dejar caerse un edificio tan hermoso, tan simbólico, y tan costoso de construir como el de nuestra propia lengua tradicional. ¿Serán ellos parecidos a nosotros cuando nos admiramos de la poca visión de futuro que demostraron nuestros antepasados el día que no les importó demoler Puerta Obispo, cuando permitieron que se arruinaran nuestros castillos y palacios, o dieron el primer paso de inoperancia para que ya no quede más que un recuerdo borroso de grandes monumentos como el Convento de San Claudio?

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