La bóveda de San Miguel podría desplomarse en cualquier momento

10 dic 2006 1 comentario

La falta de un drenaje adecuado y la chapuza en las cubiertas inundan de agua la joya mozárabe
Trabajadores de la última rehabilitación denuncian que Geocisa «se llevó dinero» y no les pagó
¿Alguien se imagina que un día, de repente, se hundiera el suelo de la iglesia ovetense de Santa María del Naranco? ¿O que los techos de San Pablo de Valladolid aparecieran cuarteados de grietas? ¿O que en torno al santuario de Santo Toribio de Liébana no hubiese baños públicos, un aparcamiento decente o unas dotaciones turísticas cuando menos, dignas?

Pues bien, no todos estos monumentos aparecen en los libros de texto y en los manuales que muestran el arte imprescindible; el monasterio mozárabe de San Miguel de Escalada, leonés, del siglo X, sí. El viernes se hundía la débil capa de cemento que cubría el suelo desde la última rehabilitación de la Junta, desplomándose una de las aras (a punto estuvo de romperse), pero ayer aparecían en la misma bóveda del templo tres grandes y preocupantes grietas que simbolizan en sí mismas la inexplicable dejadez que desde hace décadas sufre el monasterio y ponen de relieve la extraordinaria chapuza que supuso la última restauración.

Así lo dan a entender, y con toda claridad, los miembros de la asociación de defensa del patrimonio leonés Promonumenta, que ayer volvieron a San Miguel de Escalada para comprobar el estado del templo, declarado Monumento Nacional por la reina María Cristina en 1886. Su presidente, Agustín Suárez, explicó que el agua viene fundamentalmente de dos lugares: del talud próximo y del prado que está a la cabecera: a pesar de los 318.536 euros que costó la última intervención, «no se proporcionó al monasterio de un drenaje adecuado, algo que es básico para cualquier edificio», por lo que el agua «se filtra y agrieta y amenaza las bases de San Miguel de Escalada».

Pero además, al no haberse arreglado bien las cubiertas, el agua de lluvia «las traspasa, empapa la piedra y el peso puede hundir los techos en cualquier momento», apuntó Suárez.

Tras la caída de dos gárgolas de la Catedral, éste está siendo un «mes negro» que, ante todo, está poniendo en evidencia la incompetencia de quienes tienen la responsabilidad sobre el patrimonio.

No se entiende que en una obra como la restauración de San Miguel de Escalada se empleen casi 320.000 euros y el resultado sea éste: suelos que se hunden, altares que peligran, agua que entra por todos los rincones, paredes y techos que se resquebrajan… Un técnico especializado, consultado por este periódico, tiene una respuesta: según esta persona, que intervino en aquellas obras y que opta por mantenerse en el anominato, algunos trabajadores «no cobraron» las cantidades establecidas; y acusa directamente a la empresa Geocisa, adjudicataria de los trabajos, de «quedarse con dinero», de «echar» directamente a varios técnicos en mitad de la intervención y, por tanto, de adquirir «deudas activas» con una serie de trabajadores.

«¿Quién dio el visto bueno a unas obras llevadas a cabo en medio de tales irregularidades, y que no han arreglado nada?», se pregunta Agustín Suárez, presidente de la activa asociación Promonumenta. «¿Qué responsable o responsables aprobaron esta intervención? -continúa- ¿Dónde estaban los inspectores¿ ¿Han visitado San Miguel? ¿Y si lo visitaron, qué inspeccionaron? Esto es un auténtico desastre, un escándalo a nivel nacional, alguien tiene que dar explicaciones y dar la cara», afirmó Agustín Suárez con contundencia.

Sea como fuere, el caso es que el viajero ve en Asturias arquitecturas tradicionales bien cuidadas, en Galicia castillos y castros pulcros y puestos en valor, y en Castilla, costosos proyectos patrimoniales, habitualmente en torno a Valladolid. ¿Y en León? Piedras que se caen…

La situación de San Miguel de Escalada no ha cambiado mucho en los últimos tiempos: sigue constituyendo una estampa de abandono y de olvido. Otras regiones han mimado a sus monumentos principales, convirtiéndolos en focos turísticos y culturales de primer orden. En San Miguel, cuya protección depende de la Junta, no es que los suelos se hundan y las bóvedas se agrieten, es que, increíblemente, aún no hay luz eléctrica y sus alrededores no disponen ni de las mínimas condiciones para la acogida de visitantes (muchos de ellos, centroeuropeos de gran poder adquisitivo): no hay baños públicos, no hay zonas de esparcimiento, y el párking es una capa de gravilla echada por un trabajador de la Diputación que es de la zona.

San Miguel podría ser un centro de recepción de visitantes de improtancia nacional y europea, pero parece que los políticos, o pasan del tema, o no quieren…

El presidente de la asociación Promonumenta ha calificado de «gravísimo» y «muy preocupante» el estado del monasterio mozárabe tras su visita de ayer en compañía de técnicos especializados. Agustín Suárez hizo ver que, puesto que nos encontramos ante un Monumento Nacional, «este es un escándalo también a nivel nacional»; y no ahorró críticas contra todas las administraciones, tanto las autonómicas como las nacionales.

«Nos encontramos ante un gravísimo caso de irresponsabilidad, tanto política como profesional», dijo Suárez, cuya asociación viene denunciando desde hace muchos años los problemas que lastran el buen estado de un edificio erigido hace mil años. «Y no sólo es un ataque contra el patrimonio, es que con esta manera de actuar se está condenando a toda la comarca a la miseria, a la despoblación: si no les dejan ni la agricultura, ni la ganadería, ni el turismo cultural que supone el monasterio, ¿qué les queda».

«Pero aquí -lamentó- no dimite nadie, nadie asume sus responsabilidades, esto es una verdadera vergüenza».

1 Comentarios

  1. Invitado, el 10/12/2006 a las 10:18:00 , #363

    Esto es una nueva dejación y ofensa hacia el pueblo de León.Tanto abandono e ineptitud parecen no ser casuales y favorecer la desaparición de la identidad leonesa, de su Historia y de sus monumentos.Si no estuviéramos en el S. XXI diría que se trata de un auténtico borrado de un pueblo, de un etnocidio cultural.

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