LA CUEVA DE PEÑA FORADA EN SALCE DE OMAÑA

22 oct 2012 0 comentarios

Este pasado fin de semana lo pasamos en Omaña con motivo del documental que estamos grabando. En concreto parte del sábado estuvimos en Riello durante la manifestación en favor de las Juntas Vecinales, pe ro el resto del tiempo lo pasamos en Salce, un pueblo que no conocía y que ha sido todo un descubrimiento para nosotros, tanto por la belleza de los paisajes que lo rodean como por la maravillosa gente que lo habita. 
Fuente: SIGPAC.
Aunque a lo largo de los años he recorrido buena parte de la comarca, he de reconocer que muchas veces me he concentrado en las zonas cercanas a la carretera principal, por lo que todavía desconozco varios pueblos alejados de esa vía. Y es que a Salce sólo se puede ir si, por la razón que sea, se lo ha seleccionado como destino de viaje, o por una decisión voluntaria de “explorar” las carreteras secundarias (costumbre que suele reportar agradables sorpresas). Nosotros fuimos “a tiro fijo” gracias a un aviso de Luis Arias y Pedro Moreno, porque es uno de los pocos lugares donde todavía se practica la costumbre de la becera o vecera. Junto a Raúl, el presidente de la Junta Vecinal, conocimos a Jose “Molina”, el pastor de ovejas, y a otros vecinos del pueblo como Fermín. Aprendí muchísimas cosas sobre los alrededores en las horas que pasamos con ellos en Camplamoso: para empezar, que ese es el verdadero nombre, y no el “Campo Hermoso” que figura en los mapas. Es un topónimo bastante curioso, porque viene a significar “campo llamoso”, es decir, un lugar en el que abundan las “llamas” (tierras llenas de lodo), tal y como pude comprobar sobre el terreno. 
Fuente: SIGPAC.
Cerca de allí se veía una peña llamada “Peña Forada” (o “Peña Furada”) que me llamó la atención cuando “Molina” me contó que estaba atravesada de parte a parte por una cueva. El domingo no pude resistirme y, aprovechando un rato libre durante la grabación, subí de una carrera hasta allí para explorarla.

La cueva de Peña Forada

Según dicen, fue usada como refugio por “los rojos”: supongo que en realidad se referían a los maquis de después de la Guerra Civil, porque entre otras cosas requisaban ganado a la gente del pueblo. Desde luego es un emplazamiento ideal, porque como comprobé dispone tanto de dos entradas como de dos salidas, lo que facilitaba la huida en caso de haber sido rodeados.

Entrada de la cueva: se aprecia la bifuración.

Una vez en la entrada de la cueva se apreciaba una bifurcación. La entrada de la luz desde el otro lado no dejaba lugar a dudas: ninguno de los ramales era muy largo (7 u 8 metros, calculo). El ramal de la izquierda es el más ancho, aunque a medio camino hay una piedra en posición horizontal que dificulta algo el paso.

El ramal de la izquierda: se aprecia la piedra horizontal.
El ramal de la derecha.

Escogí el ramal de la derecha, que resultó ser el camino más estrecho: la parte final tuve que hacerla arrastrándome, y la salida era tan estrecha que además tuve que arrastrarme de canto. La vegetación está creciendo tanto en esa salida, que supongo que dentro de un tiempo ésta será impracticable del todo. Cuando regresé, hubo gente del pueblo que me dijeron que pensaban que ya no se podía usar esa entrada/salida.

La salida estrecha: a duras penas cupe.

Ya antes de subir me contaron que esa cueva fue usada por los mozos para dar sustos a los valientes que se atrevían a explorarla. Fermín me dijo que hace mucho tiempo varias vaqueras se pusieron de acuerdo para subir hasta allí: varios mozos se enteraron, se adelantaron y entraron desde el lado contrario para no ser vistos. Cuando llegaron las chicas, una se adelantó y desde la entrada dijo “Ave María Purísima”, a lo que uno de los chicos respondió desde dentro “sin pecado concebida”, ante lo que las vaqueras huyeron despavoridas. En tiempos más cercanos uno de los presentes me dijo que a él le habían hecho algo parecido cuando tenía 14 ó 15 años, aunque el susto debió de ser dentro de la cueva, y no quiso entrar en más detalles: sólo me confesó que el sobresalto fue tan gordo que desde entonces no ha vuelto a pasar por allí.

Después de salir de la cueva subí a la cresta de la peña, desde donde había unas vistas magníficas de todos los alrededores. Es un punto casi fronterizo, y desde allí se ve gran parte de las comarcas de Luna, Babia y Omaña. Por supuesto, el otoño añadía otro punto de hermosura al paisaje.

Abelgas de Luna vista desde Peña Forada.

Charlando con los paisanos de Salce me enteré de muchas cosas como, por ejemplo, que los mapas contienen un montón de errores en cuanto a la toponimia: no sólo por el ya mencionado Camplamoso, sino por muchos otros nombres. Otro ejemplo: hay un sitio que figura como El Aguillín, cuando es Laguillín, como bien demuestra el pequeño lago que allí existe.

Hubo una leyenda que me prestó mucho: justo al lado de Camplamoso hay una peña llamada Peña Negra, donde dicen que está enterrada una gallina de oro junto a sus polluelos también de oro, y que el primer rayo de sol del solsticio de verano indica el lugar exacto donde están enterrados. Es una leyenda que, con variantes, se repite en varios pueblos de León. Muchos son los que han ido a excavar en la fecha indicada, pero por supuesto nadie ha encontrado nada.

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