LA DESAMORTIZACIÓN DE COMUNALES EN "HOY POR HOY LEÓN"

18 mar 2015 0 comentarios

En el programa de hoy hemos hablado de uno de los rasgos más distintivos del pueblo leonés, a pesar de que es muy desconocido para mucha gente, mientras que para otra es algo tan normal que pasa desapercibido. Me refiero a los comunales, ese peculiar tipo de propiedad que ni es privada ni es pública, sino que pertenece al común o conjunto de todos los vecinos de una localidad, y que por lo general está administrada por las juntas vecinales (llamadas “concejos” hasta hace un tiempo en  nuestra tierra). Una grandísima parte  de la provincia de León es de propiedad comunal, lo que representa una gran diferencia frente a otros territorios no solo españoles, sino de toda Europa occidental, de donde prácticamente desaparecieron a lo largo del siglo XIX. 

Estuvo con nosotros (vía telefónica) uno de los mayores expertos en la materia, D. José Antonio Serrano Álvarez, que es Licenciado en Historia Contemporánea y Doctor en Historia Económica. Su tesis doctoral trataba precisamente sobre los comunales en la provincia de León entre 1850 y 1936. Actualmente trabaja como consultor en el sector de la cooperación al desarrollo. Ha realizado varias publicaciones sobre comunales en la provincia de León, y concretamente una de ellas, recibió en 2005 el Primer Premio de la Sociedad Española de Historia Agraria para Jóvenes Investigadores. Además es uno de los responsables de la magnífica e imprescindible página  COMUNALES Y CULTURA RURAL EN LEÓN: UNA HERENCIA QUE CUIDAR Y CONSERVAR
Los políticos liberales, sobre todo los progresistas, creían que la propiedad de la tierra no debía ser de las “manos muertas” (clero, ayuntamientos…), sino de gente con deseo de invertir y modernizar las explotaciones; sólo así se podría aumentar la producción agraria. Para ello se decretó una desamortización de los bienes (tierras y edificios) de esas “manos muertas” consistente en nacionalizarlos y después venderlos en subasta al mejor postor. Los gobiernos liberales la emprendieron por dos causas: obtener dinero, ya que la Hacienda estaba arruinada por las guerras -de Independencia y carlistas- y conseguir apoyo político de la burguesía y la aristocracia para el régimen liberal.
Se habla de una especie de “desamortización invisible” cuando durante la Guerra de Independencia muchos pueblos se vieron obligados a vender parte de su patrimonio comunal para sobrevivir a la guerra. Hubo algunos tímidos precedentes de desamortización con Godoy, José I y en el Trienio Liberal (inmuebles de conventos y tierras de monasterios) pero el rey Fernando VII las devolvió al volver a afianzarse en el trono. 
Así pues, la primera gran desamortización “oficial” fue la de Juan Álvarez Mendizábal a partir de 1836. Afectó sobre todo a los bienes eclesiásticos, especialmente del clero regular. La mayor parte de los monjes y frailes fueron exclaustrados, siendo abandonados sus monasterios y conventos. Continuó después con Espartero.
Una segunda desamortización fue la de Madoz y  es en la que nos hemos centrado hoy; se desarrolló a partir de 1855. Fueron vendidos otros bienes del clero y, sobre todo, bienes comunales Se subastaron terrenos y montes comunales, y también los propios (tierras que el ayuntamiento o el concejo podía alquilar al que quisiera cultivarlas). El objetivo primordial de esta desamortización era financiar la red de ferrocarriles que se iban a construir. Los compradores y principales beneficiados fueron, en su mayor parte, nobles y burgueses, que comenzaron a formar una nueva clase terrateniente. Los campesinos que adquirieron tierras fueron pocos. Además, con la desamortización de Madoz empeoró la situación de muchos labradores pues perdieron el derecho de uso de los bienes comunales (usar los pastos, recoger leña), que servían como complemento de su economía. 
Os podéis descargar esta interesantísima entrevista en este enlace

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