La supresión de las Juntas Vecinales: un atraco

13 sep 2012 0 comentarios

Blog “Fraude Fiscal”, 13/9/2012.- Que sí, que todos estamos de acuerdo en que hay que racionalizar de algún modo la administración, y más todavía en que es necesario desmontar estructuras duplicadas  o disfuncionales. Pero qué curioso: nadie habla de suprimir el Senado, que seguimos sin saber para qué sirve, ni de aclararse de una santa vez sobre cuáles son las competencias de las diputaciones provinciales y cuales las de las Comunidades autónomas.
La única ocurrencia que hemos escuchado hasta ahora es la supresión de las Juntas Vecinales, y la verdad es que suena a atraco a mano armada, con BOE de por medio. O sea, uno de esos casos en los que resulta que el defraudador es el Estado.
¿Cuánto cuestan las Juntas Vecinales? Entre nada y menos que nada. Conozco una docena de presidentes de junta vecinal y ninguno de ellos cobra un duro. Se hace el papeleo, se preocupa del agua, de los montes, de los caminos y de un montón de cosas y no cobra nada. Sin excepción. ¿Y cuando hay que ir a la capital o al ayuntamiento de cabecera a hacer algún papeleo? Pues van, y a veces pasan la cuenta y a veces no, aunque lo normal es que no lo hagan, porque prefieren gastarse diez euros de su bolsillo a juntar los justificantes y explicarles luego el gasto a los vecinos. Esa es mi experiencia directa.
La principal retribución de estos políticos de base, como yo les llamo en broma, es ver que el pueblo no se va al carajo, que el agua se paga con los pinos que se cortan el coto que se arrienda o los pastos que se alquilan. Su principal satisfacción es que la cosa funcione, y que los recursos naturales del pueblo, ya sean setas o arena del río, paguen los gastos del pueblo, que en su mayoría son aldeas de cincuenta habitantes a lo sumo.
Y ahora, qué curioso, viene el Gobierno a decir que hay que suprimir estos organismos medievales, y la razón principal, os lo aseguro, es que los ayuntamientos, endeudados hasta las cejas, absorban el patrimonio y los ingresos de estas entidades, todo lo medievales que queráis, pero perfectamente saneadas. La idea es que los ayuntamientos enjuaguen su deuda zampándose lo único sano que hay en el país: las juntas vecinales, siempre prudentes y siempre al día en sus números.
Con la desaparición de las Juntas Vecinales serán los ayuntamientos los que cobren los pinos, los pastos, los cotos y las setas, y San Pedro Apóstol arreglará el cementerio, el depósito de agua y los caminos que se lleve el invierno.
La idea es esa. Arramblar, y el que venga detrás, que compre vaselina. Al por mayor.

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