LEONESISMO CAVERNARIO

20 mar 2006 0 comentarios

Interesante Tribuna.Tb ideas importantes para Salamanca y ZamoraTRIBUNA Diario de León
Laureano M. Rubio Pérez

Como historiador, como leonés, como ciudadano del mundo vinculado a una comunidad autónoma impuesta desde arriba y desde el mayor de los desprecios de los derechos históricos, tan reconocidos para otros pueblos de esta España nuestra, en modo alguno puedo aceptar que se tilde al leonesismo social de cavernario, máxime cuando existe una tangible realidad que nos dice que la sociedad leonesa aún mantiene, a duras penas, una identidad y un sentimiento que sólo tiene un nombre: leonesismo. ¿Acaso solamente es justo y legal el catalanismo, el andalucismo, el vasquismo, etcétera?. En efecto, el leonesismo, como el catalanismo, reconocido por todos los partidos de ámbito nacional, aparte de la vertiente meramente política, tiene un componente mucho más importante que es el social o sociológico, de ahí que ser leonesista no siempre implica la adscripción política, sino que es un sentimiento, una identidad y una actitud a la hora de defender, valorar y reivindicar aquello que tienes en tu entorno, en la sociedad en la que te insertas o en el territorio que, perfectamente delimitado, funciona como una unidad social y administrativa. Por eso, tanto por nacimiento, como por vivencia (naces y paces), no sólo se es leonés, sino que se debe ser leonesista en tanto en cuanto ello implica el compromiso social con lo tuyo, con tu tierra y con los intereses de tu tierra y sin que ello suponga ni la exclusión de nadie, ni la superioridad sobre nadie. Nuestros dirigentes políticos saben muy bien que el leonesismo está plenamente arraigado en el conjunto de la sociedad de la provincia leonesa y si no lo está en el resto de las dos provincias del viejo reino leonés es por la manipulación, la ruptura y el centralismo impuesto por la derecha caciquil y oligarca que en el siglo XIX fue imponiendo sus reformas y borrando diez siglos de historia, hasta aniquilar la identidad de dos provincias que para ellos y desde su centralismo controlado pasaban a denominarse castellanas. Esa es la realidad y lo demás son intereses políticos actuales y actitudes a las que convendría recordarle las palabras de Julio Caro Baroja: para liquidar a los pueblos se comienza por despojarles de su memoria, se destruye su cultura y su historia y alguien les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia… luego el pueblo comienza a olvidar lentamente lo que es y lo que era…». Esto es lo que el poder político y las oligarquías terratenientes castellanas hicieron durante el siglo XIX y parte del XX en las provincias leonesas de Zamora y Salamanca y lo que parece ser, a juzgar por la situación política y centralista actual, se intenta hacer con la provincia leonesa si alguien no lo remedia. Con estas actitudes es harto difícil llegar a hacer comunidad sin herir sentimientos y desde el respeto de las señas de identidad de dos pueblos con un pasado común, pero diferente. Sería mucho más constructivo para esta tierra y para su futuro que de una vez por todas nuestros representantes políticos y los medios de comunicación que crean opinión, en base a los derechos y realidades históricas, aceptaran una realidad y llamasen a las cosas por su nombre, es decir donde hablan de provincias del noroeste hablaran del Reino de León. En este mismo orden, si la defensa de los derechos históricos, que para otros pueblos de España se ha hecho y se hace constantemente, tanto por parte de la izquierda como de la derecha, es algo justo y normal en el siglo XXI, no se puede entender que se equipare esa defensa en el caso del pueblo leonés con tiempos y actitudes cavernarias, a no ser que se haga desde la ignorancia del proceso histórico de los pueblos que se gobiernan. Conviene, pues, recordarle a la clase política que el Reino de León tuvo entidad territorial, política y jurídica desde la Edad Media hasta el siglo XIX y que los reyes de España se intitularon como reyes del Reino de León, entre otros, hasta que en el siglo XIX pasaron a denominarse como reyes de España, de ahí que la enseña de este reino pase a formar parte ya desde los Reyes Católicos de la futura bandera nacional. Nunca existió un reino que se denominase Reino de Catilla y de León, sino dos reinos, que junto a otros como el de Murcia, Toledo, Galicia, etc., formaron la Corona de Castilla. Es más, incluso los Reyes Católicos en el siglo XV, conscientes de esa realidad diferencial, respetaron las instituciones territoriales y locales del Reino de León (Real Adelantamiento, Concejos Mayores, Hermandades, etc,), lo que hizo que en el Nomenclator de Floridablanca a finales del siglo XVIII las provincias del viejo reino leonés tuvieran un tratamiento administrativo diferencial y en ellas se mantuviese la figura de los Alcaldes Pedáneos y del sistema concejil. Esto es lo que hace que a las Cortes de Cádiz en 1812 acudan procuradores representando a las provincias que integran el Reino de León y otros procuradores representantes del Reino de Castilla.


Está muy claro, pues, que esa reivindicación leonesista, en este caso planteada desde un sector del leonesismo político, en modo alguno es descabellada y alejada de nuestro tiempo y de los intereses de los leoneses. Sólo hace falta mirar a nuestro alrededor y a la cruda realidad de esta nuestra España de las autonomías para darnos cuenta de donde estamos, del futuro que tenemos y de cuales fueron las razones por las que nos metieron donde estamos. El problema que tiene la reivindicación leonesista de reconocimiento histórico del Reino de León, tal como ocurre con el Reino de Valencia o de Aragón, es que en la actualidad existe tanto una provincia como una ciudad que se denominan León, con lo que resulta más fácil, desde la mala fe y la ignorancia histórica denominar a Zamora como ciudad castellana que como ciudad leonesa. No obstante, las generaciones leonesas presentes tienen la obligación de «reconquistar» el viejo territorio y hacer ver a sus gentes cual ha sido su identidad histórica y cual la historia que algunos le intentan escribir y enseñar. La empresa es harto difícil a no ser que los jóvenes futuros de Salamanca y Zamora reclamen un día la verdad histórica a los grupos dominantes y de poder. A diferencia de Cantabria, el Reino de León no contó en el momento oportuno con importantes banqueros que reclamaran el derecho a disponer de autonomía. En esta tesitura parece obvio que la aspiración leonesa a que le consulten y escuchen su voz no sólo es legítima, sino que está en consonancia con lo que está ocurriendo en lo que queda de España.¿ Porqué se apoya un referéndum para el tema catalán y se tacha de cavernario en referéndum legítimo para que los leoneses decidan y reafirmen lo que manifestaron hace años las instituciones leonesas cuando votaron por una autonomía propia, como una Rioja que no dejaba de ser históricamente una de las principales provincias de Castilla?. ¿Acaso se tiene miedo a los resultados a juzgar por el sentimiento popular?. ¿Porqué si la realidad dice que el sentimiento mayoritario de la sociedad leonesa va por esa línea a la hora de la verdad no se transmite en las urnas?. ¿Acaso el leonesismo político, con el que han jugado y siguen jugando no pocos políticos leoneses, sin caer en la cuenta que su componente fundamental es sociológico y sentimental, no ha sabido y sigue sin saber plantear seriamente la causa, organizarse como tal desde la seriedad y desde el convencimiento de que esta es una empresa común de la sociedad leonesa y no de unos pocos que se guardan debajo de unas siglas y las utilizan como modus vivendi ?. Parece claro que la sociedad leonesa, especialmente la sociedad joven más desamparada y desprotegida, la que tiene la emigración como única alternativa de futuro, es la que tiene la palabra y la primera responsable del futuro de esta tierra y de sus gentes.

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