LOS ATAQUES VIKINGOS AL REINO ASTURLEONÉS

10 sep 2015 0 comentarios

El programa de ayer lo dedicamos a las distintas oleadas de ataques que sufrió el reino asturleonés desde el siglo IX hasta el siglo XI: un tema que está muy de moda gracias a la serie “Vikingos”, que narra las peripecias de algunos de los principales personajes de las sagas de este pueblo escandinavo. Podéis descargaros el programa en mp3 en este enlace.
Curiosamente el único objeto vikingo que se conserva en la Península está en León: se trata de la cajina del Museo de San Isidoro de León , que se encuentra en la Basílica desde hace muchos siglos. Es una obra maestra del arte vikingo de la segunda mitad del s. X, aunque se desconoce su uso original. Se piensa que formaba parte del tesoro concedido por Fernando I y Sancha a San Isidoro a mediados del siglo XI. Este objeto seguramente proceda de alguna de las incursiones vikingas de las que hablaremos a continuación. 
La cajina vikinga del Museo de San Isidoro (s. X)
Precedentes de las incursiones.
El cronista Hidacio narra en 456 que llegaron a la Península unos cuatrocientos hérulos en siete barcos. Los hérulos eran un pueblo de origen escandinavo, que entre otras cosas practicaron la piratería en el Mar del Norte y el Canal de la Mancha. Desembarcaron en la costa lucense, pero fueron rechazados por la población de la zona, así que en el viaje de regreso depredaron las costas cantábricas. Esta expedición podría ser considerada un precedente de los ataques vikingos y normandos que se produjeron siglos después y de forma casi periódica contra el reino asturleonés.
¿Vikingos aliados del reino asturleonés?
En el año 795 el emir Hisham I arremetió contra Gallaecia y presentó batalla cerca de Astorga. Según Ibn Idari el rey ástur Alfonso II contó con la ayuda de los “al-Bascones” (vascones) y los “al-Magos”: resulta llamativa la referencia a los “al-Magos”, porque es el término que los cronistas musulmanes reservaban para los vikingos. Algunos historiadores especulan con la posibilidad de que hubiera vikingos establecidos en las costas septentrionales de la Península, ya que hay varios testimonios más en ese sentido. 
Primer ataque.
Ramiro I (842-850) tuvo que hacer frente a un nuevo enemigo cuando en el año 844 llegaron los vikingos a sus costas. A mediados del siglo IX los vikingos asolaron las regiones occidentales de la Francia actual, internándose por los ríos con sus embarcaciones de reducido calado, y llegando a saquear ciudades tan importantes como París (845) y Burdeos (847). Durante dos siglos se convirtieron en una pesadilla para la Europa occidental. Vikingos de origen noruego se asentaron en el extremo norte de la actual Francia, reconociendo al rey francés y fundando el ducado de Normandía, que se haría muy famoso con el tiempo, por lo que fueron llamados “normandos” a partir de entonces. Los musulmanes les llamaron “al-Magus”, “madjus” o “mayus” (adoradores del fuego), aunque también se les conocía como “los gentiles” en algunas fuentes irlandesas, haciendo referencia a sus creencias paganas. Otros nombres que recibieron fueron “normani”, “lordoman”, “lormanes”, “leodomanni”, “lordomanos”, “varegos”, “rus”, “los extranjeros”…
Estos vikingos (o “lordomanos” como los llama la Crónica Albeldense) pasaron frente a Gijón en el mencionado año 844, pero bien fuera porque la población estaba aceptablemente defendida, o bien porque en ella no había nada de interés, los vikingos continuaron su camino hacia Galicia. Allí atacaron la zona del faro de la Torre de Hércules (A Coruña), asolando los monasterios y poblaciones de los alrededores. Ramiro I reunió un ejército y los combatió, venciéndolos y quemando varias de sus naves (se habla de hasta 70). Cada barco llevaba unos 40 hombres, así que se trató de una importante victoria que alcanzó resonancia internacional.
La Crónica de Alfonso III dice que después de esta derrota los vikingos continuaron hacia el sur y atacaron Sevilla. Las fuentes musulmanas explican con mucho detalle esta importante incursión vikinga en al-Ándalus, y coinciden con ambas crónicas cristianas en situarla en el año 844. Dice Ibn Idari que los “al-Magos” aparecieron con “ochenta embarcaciones que así llenaban la mar de aves de color blanco como llenaban los corazones de angustias y quebranto”. De la cantidad de barcos y la fiereza del ataque parece desprenderse que no se trataba de los restos de la flota que atacó Gijón y Galicia, sino de otra totalmente diferente. 
Fueran una flota nueva, o los restos de la que atacó Asturias y Galicia, los vikingos lograron tomar y saquear varias poblaciones durante semanas enteras, como Lisboa y Cádiz, e incluso la importantísima ciudad de Sevilla. Abderramán II salió de Córdoba con un gran ejército y máquinas de guerra, y tras algunas derrotas consiguió vencerlos después de muchas batallas y esfuerzos. Un grupo de vikingos se rindió, y tras convertirse al Islam fueron establecidos en Isla Menor, en las cercanías de Sevilla, donde ellos y sus descendientes se dedicaron durante mucho tiempo a la fabricación de quesos.
Tras estos sucesos Abderramán II envió un embajador al rey vikingo en Dinamarca o en Irlanda. Desconocemos qué asuntos trataron, aunque sin duda estarían relacionados con la invasión de ese mismo año y probablemente se firmara la paz entre ambos pueblos. El trato que recibió fue cordial, y el embajador incluso coqueteó con la reina durante los meses de su permanencia en aquellas tierras. Regresó a la Península en un barco de vikingos cristianos que querían peregrinar a Santiago de Compostela. A su llegada entregó una carta del rey vikingo para Ramiro I como gesto de buena voluntad, aunque como veremos la paz entre los peninsulares y los vikingos no duró muchos años. Dos meses después los peregrinos vikingos regresaron a su tierra, y el embajador musulmán atravesó el reino asturleonés con un salvoconducto. 
Segundo ataque.
Durante el reinado de Ordoño I se produjo la segunda incursión vikinga contra la Península en el año 858, posiblemente tras la muerte del rey vikingo que había firmado las paces con Abderramán II y Ramiro I. Esta campaña fue dirigida por los hermanos Hastein y Björn Ragnarsson, hijos adoptivos del legendario Ragnar Lodbrog (el de la famosa serie “Vikingos”).  Arrasaron Iria y llegaron a poner sitio a Compostela, aunque la invasión fue repelida por el conde Pedro. Los derrotados vikingos, repitiendo su estrategia anterior, procedieron a atacar al-Ándalus y territorios mediterráneos muy lejanos con bastante éxito. Las hordas vikingas remontaron el río Ebro, penetrando profundamente en el interior peninsular, y capturaron a García Íñiguez, el segundo monarca del diminuto reino de Pamplona. Este rey tuvo que pagar un cuantioso rescate y dejar a varios de sus hijos como rehenes. 
Tercer ataque.
En el segundo año del reinado de Ramiro III (año 968) las costas gallegas recibieron una nueva incursión de vikingos o normandos, que sería la tercera que afectaba al reino asturleonés. Según nuestras informaciones, habían pasado cien años desde la última. De todas formas, tenemos noticias indirectas de que pudo haber más ataques en ese tiempo, sobre todo en torno al año 950. Existen documentos gallegos que reflejan que en esos momentos ciudades como Santiago de Compostela y Lugo se fortificaron y organizaron su defensa con el permiso de Sancho I, lo que parece corroborar la existencia de incursiones de las que no nos han quedado otros testimonios. 
En cualquier caso, en la expedición del 968 los vikingos fueron azuzados contra Hispania por el duque de Normandía, Ricardo I, que quería perderlos de vista a pesar de que habían sido sus aliados en las luchas contra el rey de Francia. Partieron en el año 966 y su primer objetivo fueron las costas atlánticas de al-Ándalus, aunque no tuvieron mucho éxito al ser repelidos por la flota califal. En el 968, unos 4000 vikingos, dirigidos por un tal Gunderedo penetraron por la ría de Arousa y se dirigieron contra Iria Flavia. Les salió al encuentro Sisnando, el obispo de Compostela, a la cabeza de un ejército, porque los obispos hispanos participaban activamente en las actividades bélicas. Sisnando fue vencido, muriendo en el campo de batalla, y los vikingos camparon a sus anchas por toda Galicia durante tres años, saqueando y rapiñando a su gusto. Así lo narra Sampiro: “Saquearon toda Galicia, hasta que llegaron a los montes Pirineos del Cebrero”. Según los Anales Toledanos I penetraron hasta mucho más lejos: año 970 “vino Lordomani a Campos”, es decir, que llegaron hasta la Tierra de Campos. Esa podría ser la explicación de la existencia de un pueblo en la provincia de León llamado Lordemanos, en la vega baja del Esla, cerca de la provincia de Zamora. 
Cuando los vikingos iban a regresar a su hogar con el botín y los prisioneros, fueron atacados y vencidos por un ejército leonés, dirigido por el noble Gonzalo Sánchez. Gunderedo murió en el enfrentamiento y la mayor parte de las naves vikingas fueron incendiadas, aunque los supervivientes se hicieron a la mar y trataron infructuosamente de atacar nuevamente al-Ándalus. Ésta fue la incursión vikinga más grave y duradera, pues como vimos las dos anteriores pudieron ser rechazadas. Comarcas enteras de Galicia fueron expoliadas, y la villa de Tuy quedó despoblada, aunque Santiago de Compostela logró repeler los asaltos gracias a sus fortificaciones. 
Cuarto ataque.
San Olaf (Wikipedia)

La cuarta incursión, o más bien la cuarta oleada de atques, tuvo lugar entre el 1008 y 1038 afectando fundamentalmente al suroeste de Galicia y el norte de Portugal. El cronista francés Pierre David nos habla del conde gallego Menendo que murió el 6 de octubre de 1008 luchando con los vikingos por las tierras entre el Miño y el Duero. Posteriormente a su muerte Braga es saqueada y después la ciudad de Tui (Pontevedra) así como su catedral en el año 1015. La crónica nórdica de Snorri Sturluson de ‘la saga del Rey Olaf’ narra las tropelías de este rey en el noroeste peninsular, que curiosamente llegaría a ser elevado a los altares como San Olaf.

Años después, en el 1028 los vikingos vuelven a asolar la acosada Galicia. En esa época el reino cristiano estaba dividido y con luchas civiles al asumir el trono Vermudo III. Esta situación coincidió con la última “razzia” otra vez en la isla de Arosa y la playa de la Lanzada bajo el mando de Ulf “el gallego” el cual fue ayudado por la nobleza local. Pero esta vez, las fuerzas militares del nuevo obispo compostelano Cresconio estaban preparadas y rechazaron nuevamente y esta vez para siempre a los hombres del norte condenando a los nobles gallegos que les ayudaron. (Fuente del cuarto ataque)

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