Los colegios de Laciana luchan por no perder sus raíces . Y más sobre libros de texto

29 oct 2006 0 comentarios

El pachuezo ‘compite’ con la informática como asignatura optativa en la ESO en los colegios de Laciana. En el instituto ‘Obispo Argüelles’, desde hace dos años, los profesores no tienen alumnos para dar a conocer el dialecto de Laciana y todo aquello que rodea de la idiosincrasia del valle minero. «El problema es que cada vez hay menos alumnos, porque tiene que haber 15 por clase. No es falta de interés por las costumbres lacianiegas, la astronomía tampoco se da este curso», explica el director del centro, Pablo Antonio Merino. En este instituto de Villablino hasta hace pocos años se ha celebrado también el Día de las Letras Asturianas. «Aquí hay una gran relación con Asturias y había un profesor asturiano, que fomentaba también los lazos con el Principado». Y es que, aunque la Junta marque unos libros de texto, a los profesores aún les queda margen suficiente para completar ese 30% de contenidos pegados a la tierra. La historia verdadera, La Historia de León, como la Historia de Laciana tienen aún un hueco en las clases del instituto «Obispo Argüelles» de Villablino. «Este año iremos a visitar la Catedral y el Musac», anuncia el director. Aunque este curso no haya clases de pachuezo, aunque en algunos libros se hable más del castillo de Peñafiel que de San Isidoro, los profesores tiene más presente lo propio que lo ajeno en sus clases. «Se da lo que viene marcado en los libros de texto, pero también se deben incluir otros aspectos y remarcar otros, porque a los alumnos también les interesa», explica Celia Rodríguez, profesora de Historia en el mismo instituto que es, además, lacianiega de nacimiento.
En los institutos de Laciana nunca falta una lección de la Carta Puebla, el documento más importante de esta comarca conocida también como el valle de la libertad. La Carta Puebla fue otorgada por Alfonso X como un privilegio a los «omes de la tierra de Laziana» para que constituyeran sus propias leyes. «Siempre hay jóvenes interesados en conocer su propia identidad. Es muy curioso, pero sí les interesa porque les llena de orgullo», asegura el director, Pablo Antonio Merino.

En los últimos años, el instituto ha ido recabando y buscando todo tipo de libros relacionados con el valle. En la biblioteca del Departamento de Geografía e Historia se guardan más de un centenar. Aunque su director prefiere no entrar en el polémico contenido de los libros de texto, en esta emblemática comarca leonesa no se quieren perder los rasgos que han marcado su devenir histórico durante siglos. «Desde una identidad regional uno siempre se puede acercar a las identidades comarcales», explica Pablo Antonio Merino, que es también un ejemplo. Burgalés de nacimiento, lleva más de 14 años en Villablino. Además de máximo responsable del centro ha sido todos estos años el encargado de impartir esa asignatura optativa de pachuezo. «Se ha dado incluso antes de que la Junta de Castilla y León asumiera las competencias. Conocer las costumbres, la arquitectura o el patrimonio cultural de Laciana, Babia y el Alto Sil no está reñido con nada», sostiene.

En los institutos de Laciana hay sitio para el pachuezo, para León y también para el portugués. Durante décadas, Villablino ha sido también ejemplo de integración. Ahora que la inmigración se ha convertido en la primera preocupación de los españoles, según la última encuesta del CIS, Laciana es más que nunca un modelo a seguir. Cientos de portugueses y caboverdianos han trabajado en las minas de MSP. Muchos se jubilaron y volvieron a sus países, pero otros tantos han preferido quedarse en la tierra que les acogió. «El portugués se da como el inglés o el francés por la tradición que existe en Laciana desde hace más de 50 años», comentan en el instituto.

Ese concepto de la enseñanza hace orgullosos a los propios profesores del instituto ‘Obispo Argüelles’ de Villablino. «Una cosa no excluye la otra. Por eso nos horroriza lo que pasa en el País Vasco o Cataluña. De Atapuerca habrá que hablar, pero no porque el yacimiento esté situado en Castilla sino por la importancia que tiene», añade el director.

Margarita Torres, cronista oficial de la Ciudad de León y gran conocedora del pasado leonés, considera que los libros de texto están pervirtiendo la Historia hasta un punto difícilmente imaginable. «¿Qué es que no existió Numancia o Las Médulas? León fue capital militar con la Legio VII. Es una indecencia», sentencia sin pelos en la lengua. Torres acusa directamente a la Junta por intentar «tutelar» la Historia de León con el único fin de intentar demostrar «que Castilla y León están juntas desde Atapuerca». «El problema no son las editoriales, sino los textos tutelados que se publican, que deberían ser supervisados correctamente», explica. Algunos libros de texto para alumnos de segundo de la ESO sorprenden desde la primera página. En la separata de «Geografía e Historia de Castilla y León» de la editorial Santillana, cuyos autores son Daniel González y Pilar Moralejo, la primera lección es un ejercicio sobre un gran centro comercial situado en la localidad vallisoletana de Zaratán. «Desde luego no se entiende nada», asegura Margarita Torres. En otra publicación de la misma editorial, obra de Daniel González también, la primera página no deja de ser también polémica. Es una gran foto de Villalar, con un gentío portando banderas de Castilla. «En 1978 —comienza el texto—, cuando en España se empezaron a recuperar las libertades democráticas después de una larga y violenta dictadura, los castellano-leoneses eligieron para reclamar su autonomía la fecha (23 de abril) y la campa (Villalar) en que había sido derrotado el movimiento comunero por Carlos I en 1521. Se manifestaba así el deseo de identificación regional que culminaría con la aprobación en 1983 del Estatuto de Autonomía de Castilla y León». «Es indecente», vuelve a decir la historiadora leonesa.

El consejero de Educación, Francisco Javier Alvarez Guisasola, ha preferido guardar silencio sobre la polémica alegando que estos días tiene una intensa agenda. No ha querido hablar en toda la semana. La administración autonómica, por boca del presidente Herrera, ha señalado a los profesores como los responsables de explicar la verdadera Historia. Para nada ha hablado de responsabilidades entre los autores, los supervisores o los expertos.

Una de las autoras de los polémicos libros es Pilar Moraleja, profesora de la Universidad de León. Doctora en Filosofía y Letras (Geografía e Historia) por la institución leonesa, su currículum está colgado en la página de Internet de la Universidad de León. En 1995, según la misma fuente, se incorporó como geógrafa al Grupo Santillana de Ediciones, donde trabajó como redactora del Departamento de Ciencias Sociales hasta junio de 1997 y como editora ejecutiva de Geografía e Historia para Educación Secundaria desde esa fecha hasta marzo de 1999. «Desde entonces es colaboradora externa de dicho grupo editorial y participa en la elaboración y edición de textos y otros materiales educativos de Geografía e Historia para Secundaria», añade la misma página.

Pilar Moraleja no se encontraba estos días en su despacho. Tampoco se conoce su opinión, ni su método para explicar la Historia de León de la forma que la ha presentado en los libros de texto.

Miguel Ángel González, autor del libro ‘500 razones para una autonomía leonesa’ y secretario del movimiento Pro Identidad Leonesa, no se sorprende. «Es más de lo mismo», afirma. González piensa que los padres deberían concienciarse sobre los que se está haciendo con sus hijos en los colegios. «Se habla siempre de Castilla, nunca de León». Y deja caer otra vía de lucha, aún sin abrir: «Los profesores pueden denunciar lo que está en los libros de texto en los consejos escolares».

La asociación Pro Identidad Leonesa ha realizado su propio estudio sobre los libros de texto. «De todos las manipulaciones, olvidos y secuestros que encontramos en nuestros libros de texto, lo más lamentable es que en ellos se haga ensalzamiento del regionalismo castellano», explica el informe, que pone un ejemplo de lo que se dice en uno de los libros: «Tras la desaparición de Franco, y dentro del marco de la Constitución de 1978, que contempla la posibilidad de constituir comunidades autónomas, se empieza a discutir el ámbito espacial que debía formar parte de la comunidad: no había duda con Castilla la Vieja, pero también se hablaba de incluir a Santander y Logroño. Lo que estaba claro es que nuestra comunidad debía coincidir geográficamente con la Meseta norte o la cuenca del Duero, territorio bien diferenciado y aislado del exterior. También hubo grupos que defendían otras propuestas individualistas o separatistas» ¿Pertenecían a Castilla la Vieja León, Zamora y Salamanca? ¿Por qué debía coincidir con la Meseta norte? ¿Por qué considera «separatista» reivindicar sendas autonomías para León y Castilla? Son preguntas que se hacen en la plataforma Pro Identidad Leonesa después de dicho estudio. «El proceso autonómico leonés es ocultado», denuncian.

Ya no sólo es el debate ideológico, sino también la propia existencia de la ‘y’ que diferencia Castilla y León. En el informe elaborado por la plataforma sobre los libros de texto denuncian hasta qué punto llega la perversión del regionalismo mal entendido, según ellos. «Históricamente —dice un libro para chicos de 12 años— existió un reino de Castilla y un reino de León, que se unieron en el siglo XI con Fernando I, y tras varias separaciones, se unieron definitivamente en 1230, con Fernando III; también se fusionaron sus respectivas cortes. A finales de la Edad Media, la población era de dos millones de habitantes (poco menos que hoy), y había ferias importantes, como la de Medina del Campo. La época de mayor prosperidad de la corona de Castilla tuvo lugar en los siglos XV y XVI. En el siglo XV se celebraron más reuniones de Cortes que en ninguna otra región. Valladolid fue, en tiempos de los Reyes Católicos, el centro de la actividad política, judicial y administrativa. Desde entonces nuestra comunidad ha seguido compartiendo una historia común, lo que justifica el sentimiento regionalista que ha dado lugar a Castilla y León».

«No puede ser posible», dice como conclusión Miguel Ángel González. «Si fueran inteligentes deberían jugar una baza inteligente como es la birregionalidad, algo que les ha funcionado en Canarias, en Andalucía. Seguir empeñados en el error me parece absurdo. Porque van a acabar perdiendo. Que no lo olviden. León está cansándose», augura Agustín Suárez, presidente de Promonumenta, asociación que esta semana ha llevado la polémica de los libros de texto al Procurador del Común.

«Los profesores estamos hoy atados de pies y manos, porque se piensa que si explicamos otra interpretación de la Historia es que somos radicales. Hay mucho miedo a decir todo esto en voz alta. Los profesores quieren asentarse en su puesto de trabajo, tener una tranquilidad que pasa por no protestar».

Quien dice estas palabras es un profesor de un instituto de León que prefiere optar por el anonimato. En varios institutos de la capital es fácil ver tachada la palabra Castilla en las placas que la Consejería de Educación coloca a las entradas de los centros. «Vamos a peor. La chispa está a punto de estallar en algunos colegios», augura el mismo profesor anónimo.

Mientras, en los institutos de Laciana, los jóvenes siguen aprendiendo lo que fue el pachuezo o lo que son las brañas, esas separaciones de fincas en las laderas de los montes del valle. Aunque la despoblación amenace el valle minero y no haya 15 alumnos para formar un grupo de pachuezo, los profesores no olvidan las raíces en sus clases.

Cerca del instituto ‘Obispo Argüelles» se encuentra el cuartel de la Guardia Civil. Una de las calles adyacentes tiene un nombre que recuerda a la lucha de otras épocas: «Calle de los Derechos Humanos». Toda una reflexión en voz alta.

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