LOS PENDONES LEONESES REGRESAN A CASTROTIERRA

20 may 2012 0 comentarios

En la provincia de León existe una curiosa costumbre que arranca de siglos atrás. Consiste en que una vez cada siete años, o cuando los pueblos de la zona así lo deciden, se saca a la Virgen de Castrotierra de su santuario para pedir que llueva, y va acompañada por los pendones de los pueblos, unas enseñas de grandísimas dimensiones que representan a su respectiva población. El origen de los pendones está en la Edad Media, cuando las milicias concejiles del reino de León acudían a la guerra con estas banderas, seguramente para poder localizar su lugar en el campamento desde lejos (su uso en la batalla, dadas sus dimensiones, quedaría descartado). Sea como fuere, es todo un espectáculo ver a más de 50 pendones procesionando desde Castrotierra hasta Astorga, en cuya catedral se alojará a la Virgen hasta el domingo de la semana siguiente, momento en el que se hace el recorrido en sentido inverso. La última vez que se hizo esta rogativa  fue hace tres años, pero dada la sequía que ha habido hasta hace poco se ha decidido sacar a la Virgen este año también. En el 2009 Tere y yo estuvimos fotografiando la parte final del regreso a Castrotierra, pero esta vez documentamos tanto la llegada a Astorga como la vuelta.
Esta rogativa (o romería) me produce sentimientos encontrados. Por un lado, el orgullo que siento cuando veo desfilar docenas de pendones, porque son el retrato vivo y colorido de nuestros pueblos. Pero por otro me da pena ver que en León somos un desastre organizando eventos de este tipo. Y no me refiero a la apariencia de los pendoneros (que cada vez van más uniformes), sino a otro tipo de detalles. Por ejemplo, al parecer este año se se indicó a los pendoneros que no llevaran la bandera de León en los remos o “vientos” de los pendones con la curiosa excusa de que sólo se podían llevar “símbolos religiosos” (¿son los pendones un símbolo religioso?). Sin embargo, ayer el santuario de Castrotierra estaba rodeado por puestos de feria, y asediado por unos enormes castillos hinchables que salvo que sirvieran para rendir culto a Bob Esponja no son precisamente “símbolos religiosos”. Ocurrió lo mismo hace tres años, y es una pena que se permita que la colina se llene de coches y barracas de feria. ¿Tan difícil sería acordonar la cima del santuario, habilitar unas zonas como aparcamiento, y dejar los puestos festivos en las faldas del castro? 
Bueno, tan sólo es mi opinión, pero sin duda esos detalles restan solemnidad y hermosura a un acto tan impresionante. Y si ya quitasen los cables, sería el paraíso de los fotógrafos. En cualquier caso, os dejo algunas de las fotos que hice con el móvil, esquivando los castillos hinchables. 

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