MAGNICIDIOS LEONESES EN RADIO LEÓN

21 may 2014 0 comentarios

La semana pasada se anuló la sección de Historia de León en Radio León, debido a que todavía estaba fresco el asesinato de Isabel Carrasco. Hoy hemos retornado a la actividad haciendo un somero repaso de los principales magnicidios que tuvieron lugar en la historia de León. Evidentemente la práctica totalidad de ellos tuvo lugar en la Edad Media, cuando contábamos con nuestro reino y nuestros reyes. 
-Uno de los primeros y más sonados fue el (presunto) asesinato de Sancho I de León, “el Craso” (“El Gordo” en román paladino, vaya), que fue rey del 956 al 958 y nuevamente del 960 al 966. En el primer periodo fue muy impopular por su extrema obesidad (no podía ni montar a caballo ni “folgar” con mujeres), por lo que tuvo huir y renunciar al trono. Le “curaron” en Córdoba con una dieta muy severa y (se dice) cosiéndole la boca. Con su nuevo tipín y con ayuda de tropas musulmanas fue repuesto en el trono leonés en el 960. Pero seis años más tarde fue envenenado con una manzana por el noble gallego Gonzalo Menéndez. Su muerte  supuso un momento de debilidad para el reino de León, porque fue sucedido por su hijo Ramiro III, que apenas tenía cinco años, con las consiguientes luchas por la regencia, etc.
Pero si hubo un siglo pródigo en magnicidios, ése fue el siglo X:
-Alfonso V, el de los buenos fueros, murió en 1028 en el asedio a la ciudad portuguesa de Viseu, por un flechazo de un ballestero moro, mientras el rey estaba paseándose alrededor de la muralla en mangas de camisa.
-En ese mismo año ocurrió el asesinato del infante don García por los Vela. García Sánchez, descendiente del famoso Fernán González, era el heredero del condado de Castilla. Era el prometido de la infanta doña Sancha, la princesa del reino de León, y vino a casarse a la capital en 1028. Poco antes de la boda fue asesinado por la familia de los Vela. Este magnicidio fue de gran trascendencia, porque provocó que Castilla se quedara sin conde, y que ese territorio quedara en manos del reino de Pamplona durante varios años. 
Vermudo III, rey de León, murió en batalla contra su cuñado Fernando, conde de Castilla, en 1037. Murió de una forma un tanto… peculiar, porque su caballo, “Pelayuelo”, era demasiado veloz y llegó el primero (y en solitario) a la línea enemiga. Su muerte provocó que el reino pasara a manos de su cuñado, que sería conocido como Fernando I. 
-También en este siglo sucedió el asesinato de la condesa Doña Sancha: era una de las condesas más poderosas y ricas del reino de León. A la muerte de su única hija, Elvira, la condesa decidió donar una gran parte de sus bienes a la iglesia de Santa María (lo que hoy es la Catedral), en el año 1040. Sus sobrinos vieron como la herencia de la “tía rica” se esfumaba y uno de ellos en venganza la asesinó. La historia aparece contada en plan cómic en los relieves del sarcófago de Sancha en la Catedral, en la capilla de la Virgen Blanca. Posteriormente el sobrino murió al caerse del caballo en el que huía. Fue un asesinato muy comentado y famoso en la época. 
-De todas formas, el magnicidio por antonomasia en la historia del reino de León fue el llevado a cabo por Vellido Dolfos en la persona de Sancho II en 1072. A este tema ya le he dedicado toda una serie de artículos: v.g., 1, 2, 3, 4.
-Otras muerte que tuvo mucha importancia para el devenir del reino de León fue la de Enrique I, que fue rey de Castilla en 1214 al suceder a su padre Alfonso VIII (ó I de Castilla), cuando sólo tenía 10 años. Murió tres años más tarde en un extraño accidente durante un juego, lo que permitió que reinase su hermana Berenguela, que fue la artífice de la unión de  las coronas de León y de Castilla 13 años más tarde. La verdad es que fue un “accidente” demasiado oportuno, pero tendremos que quedarnos con esa versión.
-Por último, un magnicidio que no llegó a consumarse, pero que habría cambiado la historia mundial, fue el supuesto asesinato frustrado de Napoleón en Astorga en 1809, del que ya hablamos en un programa anterior.
El asesinato de la condesa doña Sancha en el Libro de las Estampas de la Catedral de León.

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