Manipulación histórica y provincia de El Bierzo

26 dic 2006 0 comentarios

Desde que se inició el proceso de consolidación del nuevo régimen político en España y con él la denominada España de las autonomías todo parece valer a la hora de alcanzar cualquier objetivo que tenga que ver con las posiblemente legítimas aspiraciones de todos los pueblos, regiones o nacionalidades que conforman el complejo mapa español. La España de las autonomías y el «café para todos» no sólo ha tenido un inmenso coste económico, institucional y social que algún día enjuiciarán los historiadores, sino también parece justificar la apertura de la veda para que pueda cazar cualquiera que pretenda autonomía para su pueblo, su comarca, su provincia, etcéteraLos historiadores sabemos muy bien que la ciencia histórica ha sido utilizada como arma, como medio e instrumento para justificar muchas cosas e intentar alcanzar no pocos fines. Pero, también sabemos de los riesgos que esto comporta siempre que el proceso histórico no se aborde con seriedad y desde posicionamientos alejados de cualquier atisbo de anacronismo y de manipulación a fin de alcanzar objetivos prefijados. Pese a esto y a la importancia que tiene la Historia como ciencia social en el devenir de las civilizaciones, cualquiera se atreve a escribir sobre cuestiones históricas, a diferencia de lo que ocurre con otras ciencias como la medicina. Eso que a veces desde la óptica erudita puede ser bueno para el conocimiento social, es altamente peligroso cuando se hace con unos fines determinados que buscan un interés personal o social determinado. El artículo de opinión publicado por este medio bajo el título de Reconocimiento institucional de El Bierzo, bajo la firma de D. Xavier Lago, merece todos mis respetos como tal opinión, pero cuando el autor se mete a manipulador de la Historia para alcanzar unos fines lo pierde y por tanto de alguna forma me obliga a matizarle en tanto en cuanto a mí me paga la sociedad para que vele por la ciencia histórica y dé a conocer su problemática desde el ámbito local y sectorial hasta el universal. Dicho esto, que el autor y los bercianos quieren autonomía, independencia, ser gallegos, asturianos, tener su propia provincia o diputación en una España en la que estas últimas sobran ya que son instituciones antidemocráticas pues están dominadas por los partidos políticos y su clientelismo, que lo sean o lo tengan. Que los bercianos, valdorneses, maragatos o babianos quieren tener múltiples instituciones locales inútiles para que los políticos se llenen los bolsillos a costa del contribuyente, que las tengan, pero en modo alguno se puede permitir que esto se pretenda mediante la manipulación histórica, manipulación que en el caso que nos ocupa, quiero entender, se debe más al desconocimiento e ignorancia que a la mala fe. Ahora bien, para entender estas posturas y el debate que en torno a El Bierzo se ha desarrollado de alguna forma ligado a la autonomía gallega y a la singularidad geográfica y social de la comarca berciana (Bergidum), hay que situarse en el contexto político actual local y nacional, en el centralismo institucional y en las pretensiones de tránsfugas políticos y otros busca vidas que ven cómo un día desde Valladolid se parió la idea de crear el Consejo Comarcal de El Bierzo, como forma de divide y vencerás, carente de recursos y competencias y como institución que los bercianos sólo saben que sirve para colocar a no pocos políticos y para que el presidente cobre al año un sueldo multimillonario mientras que cuatriplica al de los currantes bercianos. Con estas actitudes y posicionamientos se trata, pues de dividir, en vez de unir a la hora de reivindicar los derechos históricos de una región y de un Reino que, como el de Navarra, Murcia, Valencia, etc. tuvo plena entidad territorial, social, institucional y cultural durante más de diez siglos y este es el Reino de León.

Es más, se da la paradoja que la repoblación y reconquista de buena parte de su territorio se llevó a cabo por gentes de El Bierzo, de ahí la presencia de no pocos pueblos con la toponimia de bercianos, por lo que parece inaudito que existan planteamientos disgregantes cuando lo que deberían reivindicar era el papel protagonista, incluido el pendón de León, en la configuración de un reino que puso las primeras piedras en la construcción de esta España nuestra. Dicho esto solamente le digo a don Xavier que no mienta y confunda términos como el de jurisdicción, señorío, provincia, etcétera. Hablar de corregidor de Ponferrada y de la provincia de El Bierzo, no sólo es una osadía, sino un grave error histórico, pues dicho representante regio sólo tiene jurisdicción sobre los pueblos adscritos a la Jurisdicción de Ponferrada y a la de Ancares, en modo alguno tenía nada que pintar en la Jurisdicción de Villa franca, Bembibre, etc. En la documentación aparece, en efecto la provincia del Bierzo, pero el término provincia no tiene connotación política administrativa ya que es un referente geográfico de origen romano equivalente a comarca, por eso los pueblos y villas se identifican como situados en la provincia del Bierzo… reino de León… diócesis de Astorga… Si lee mi libro sobre el Sistema político concejil en la provincia de León … o consulta el Nomenclator de Floridablanca verá que sólo hubo una provincia, la de León, que a su vez se organizó a efectos de vinculación con el Estado en tres partidos, que luego quedan en dos al crear la de Oviedo, el de León y el de Ponferrada al que pertenecía la Jurisdicción de Lucillo situada en la Maragatería. Es más hasta el siglo XVIII y XIX la provincia fue sólo un referente territorial y no tuvo un marco institucional determinado, de ahí que la verdadera dimensión político administrativa gire en torno a las jurisdicciones señoriales. Por otra parte, el Real Adelantamiento de León, cuyo alcalde mayor a partir del siglo XVII fue el corregidor de la jurisdicción de la ciudad de León, como tribunal ordinario en vía de apelación de las justicias ordinarias señoriales (corregidores, alcaldes mayores), no tenía competencias ni en la jurisdicción de Ponferrada, ni en otra en la que hubiese un juez ordinario realengo. Se han de buscar, pues, otras razones y argumentos para obtener resultados legítimos, pero por favor no caigamos en lo mismo que criticamos a los nacionalismos excluyentes, la manipulación de la realidad histórica.

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