Montaña y demografía

25 oct 2006 0 comentarios

Como expusimos, el pasado fin de semana tuvo lugar el Curso de Economía Regional Leonesa. En esta cita de la Universidad de León se abordaron los modelos de desarrollo en las comarcas de montaña. Del encuentro se extrajeron conclusiones relevantes entre las que destaca la necesidad de recursos humanos.Entre los problemas que más agudizan esta carencia, atenazando el crecimiento montañés, sobresale la crisis demográfica. Esto podría parecer una obviedad, pero conviene profundizar en algunas causas susceptibles de ser modificadas. En un primer momento la clave estuvo en el envejecimiento y defunción de los oriundos, que continúa siendo importante, pero ahora se sustancia en la falta de incorporación de residentes jóvenes.

Uno de los motivos es que los trabajadores de los entes públicos acuden a su trabajo desde las ciudades, aunque tal cosa no se ajuste a las normas. Desde este punto de vista las distintas administraciones dejan indefensos a los ciudadanos de estas comarcas, que además ven caer la calidad de los servicios públicos, en manos de personal falto de implicación. Es deber de los gobiernos hacer cumplir la norma, porque sin norma no hay gobierno.

Por otra parte, es curioso que en las comarcas de montaña existan necesidades insatisfechas de los consumidores que la economía privada no cubre adecuadamente. Esas zonas de León generan una demanda suficiente de electricistas, tintorerías o transportistas, por ejemplo, como para ganarse la vida dignamente. Sin embargo no parece existir trabajador dispuesto a poner su hogar en la montaña. A tal punto llega la desatención que se llega a proponer una búsqueda de profesionales en otros países para cubrir este déficit. ¿Es consciente el joven parado español de esta situación?

Otro de los limitantes destacados es la falta de ambición de algunos empresarios, lo que se traduce en rendimientos por debajo de lo esperado en su negocio y efectos negativos en el entorno inmediato, como la pérdida de atractivo de la zona. La hostelería puede ser un ejemplo: así en Valdeón no hay nada que hacer a partir de las diez de la noche durante gran parte del año. Los bares cierran, haya gente o no, y los visitantes se ven abocados a una precoz retirada nocturna por aburrimiento, que probablemente impulsará un adelanto de su partida. No parece existir una justificación a esa indolencia cuando tan pocas alternativas económicas existen para generar ingresos con los que fijar residentes.

En resumen, la montaña ofrece hoy una alternativa laboral y vital favorable. Sin embargo es urgente que el aparato público se implique más en la radicación de sus trabajadores, que la demanda de operarios se difunda entre los jóvenes y que se profesionalice la actividad empresarial superando cierta pasividad actual.

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