No hay manera

15 may 2012 0 comentarios

DL CÉSAR GAVELA 13/05/2012.- Una de las metas políticas del presidente Juan Vicente Herrera consiste en «construir Castilla y León». Lo ha dicho solemnemente, y si afirma eso es porque reconoce que el sentimiento autonómico está bajo mínimos. Lo que no deja de ser curioso en un mapa que abarca dos regiones que llevan unidas más de setecientos años.

Pero llevan unidas, primero dentro de un viejo reino medieval y luego dentro del conjunto de España. Pero nunca unidas como regiones, salvo desde 1983. Y ni antes ni ahora lo leonés fue castellano y lo castellano fue leonés.

León y una Castilla la Vieja mutilada (sin Cantabria y la Rioja) formaron esta comunidad. No fue recibida con entusiasmo por nadie, era muy evidente su condición de cajón de sastre. Pero lo raro y elocuente es que treinta años después de poner en marcha el invento, seguimos sin construirnos. Un objetivo que, además, no vemos claro. ¿Para qué?

Construir una voluntad regional es algo artificioso y aunque la propuesta de Herrera tenga claramente otra finalidad, suena un poco a esos discursos decimonónicos que nacionalistas vascos y catalanes repiten cansina e inútilmente: construir Euskadi, construir Cataluña.

Esos soberanistas se equivocan de siglo, porque lo que más nos urge es construir Europa, ni siquiera España. Nuestro país está construido en lo fundamental y es una sola nación, aunque eso le duela a Zapatero. Llevamos mucho tiempo así: la modernidad empezó en Cádiz hace dos siglos.

Castilla y León no se van a fusionar en una sola región. Porque, además, en esta parte de Iberia, lo regional pinta poco. La nuestra no es una comunidad, sino nueve provincias. Y no hay modo de que esos nueve territorios desemboquen en una nueva identidad suprarregional.

Yo era de los que pensaba que sí, lo reconozco, y durante largo tiempo creí que podría articularse esa Castilla y León global. No ha sido así, aunque debe reconocerse la sensatez que, en líneas generales, han protagonizado los dirigentes autonómicos. Pero eso es una cosa y la otra es el sentimiento de pertenencia.

¿Qué hacer? Lo principal, ser realistas. Ni van a desaparecer las diputaciones ni tampoco la Junta de Castilla y León. Así las cosas, lo que importa es que la autonomía sea cada vez más austera y eficaz; y que delegue todas las competencias que se pueda en las diputaciones. Y entre ellas, las culturales al completo.

Los leoneses, como los sorianos o abulenses, tenemos tres escalones identitarios: nuestro pueblo o ciudad, la provincia de León y España. Nuestro camino es ser leoneses en España y españoles en Europa y el mundo. Y luego está la Junta, que es una especie de gestoría. Respetable, pero una gestoría.

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