PRESENTACIÓN DEL VINO 1100 AÑOS DEL REINO DE LEÓN

26 jul 2012 0 comentarios

Hoy he tenido la suerte de participar en la presentación conjunta del vino “1100 años del Reino de León” (de Prada a Tope) y de nuestro libro “El encargo del rey“. Ha sido un acto de lujo, ya que tuvo lugar en el Palacio del Conde Luna de León y contó con la presencia y colaboración de personajes de la categoría de Jose Luis Prada, Pedro Trapiello, Juan Pedro Aparicio, el alcalde de la ciudad, D. Emilio Gutiérrez, y D. Teodoro Martínez, Delegado de la Exma. Diputación. La sala estaba abarrotada de gente que aplaudió a rabiar la encendida defensa de nuestra historia que realizó Prada, y que después también pudo disfrutar de la degustación de vinos y canapés elaborados por el personal de Palacio de Canedo. Mi papel consistió en un pequeño discurso introductorio sobre el 1100 aniversario del Reino de León que os copiaré a continuación, y en el que aproveché para meter una referencia al peligro que corre una institución tan nuestra y tan básica como las Juntas Vecinales. 
He de decir que ha sido una gratísima experiencia, sobre todo porque en días anteriores me ha dado la oportunidad de conocer mejor a José Luis Prada, a quien admiro desde niño (y desde hoy, más todavía), y a Pedro Trapiello, con quienes además comprobé que comparto muchos puntos de vista acerca de los principales problemas de nuestra tierra (que hay que buscarlos dentro de nuestras fronteras, y no fuera). 
Brindando con este excelente vino con Prada, el alcalde y Juan Pedro Aparicio.

Y aquí os dejo el discursín, por si os aburrís y os apetece leerlo:

¿Qué celebramos en realidad aquel año de 2010? Ni más ni menos que el 1100 aniversario de una decisión real, cuando en el 910 de nuestra era el rey García I trasladó la sede de la Corte desde Oviedo a León. No era la primera vez que se cambiaba la capital del reino: desde Pelayo ésta había estado en sitios tan dispares como Cangas de Onís, San Martín del Rey Aurelio, y Pravia, para quedar finalmente establecida en Oviedo. Visto así, a las gentes del 910 les pudo parecer que la decisión de García I era un traslado más. Sin embargo, estaban muy equivocados, porque León fue la capital del principal reino hispano durante nada menos que 320 años.
¿Qué pudo motivar la elección de esta ciudad hace ahora once siglos? Pues seguramente la herencia romana: en el 74 d.C. el Imperio asentó a la Legio VII en la confluencia de los ríos Torío y Bernesga, convirtiéndose desde esa fecha hasta el siglo V en la única legión en toda Hispania. Es decir, durante más de trescientos años el solar de la ciudad de León fue la auténtica capital militar de la Península.
Este hecho perduró en la memoria colectiva de los hispanos, y cuando el reino ástur conquistó la ciudad en el siglo IX, sus reyes enseguida comenzaron a frecuentarla, buscando –supongo–, secarse las humedades asturianas tal y como siguen haciendo hoy en día sus paisanos. Sabemos que ya Ordoño I residió en León, si bien no habitó allí de forma permanente. Lo mismo puede decirse de Alfonso III “el Magno”, que llevó la frontera hasta el Duero, usando las ciudades de León y Zamora como base para sus conquistas.
El traslado de la capitalidad a León se produjo al comienzo del reinado de su hijo García I, en el año 910, como hemos dicho. Sin embargo, hay que recordar que la dinastía, las instituciones y el reino seguían siendo los mismos. En cualquier caso, esta fecha del 910 nos sirve para señalar el año que marca el fin del reino de Asturias y el nacimiento del reino de León.
¿Qué importancia alcanzó este reino? A pesar de que actualmente no  aparece en manuales ni en libros de texto, León protagonizó la Alta y la Plena Edad Media de Hispania. En estrecha hermandad con Galicia, Asturias, Portugal y, en menor medida, Castilla, el Reino de León estuvo encabezado por reyes cuyos nombres aún resuenan en la dormida conciencia de los leoneses. Y es que León, haciendo honor a su nombre, realizó espectaculares avances en aquello que se ha dado en llamar “La Reconquista”.
Como es lógico, durante sus más de tres siglos de existencia también sufrió épocas oscuras y cruentas guerras civiles, pero el reino de León tuvo la fortuna de contar con algunos de los reyes más poderosos de la Europa Occidental de la época: 

  • Por ejemplo, Ordoño II y Ramiro II, fustigadores del poderoso Abderramán III, al que vencieron en varias batallas; 
  • Alfonso V, que fue el primer rey hispano en dar fueros con sabor a libertad a las ciudades del reino;
  • Vermudo III, el joven guerrero que hizo huir al engreído Sancho Garcés III, pero que murió alanceado en Tamarón;
  • Fernando I, el príncipe navarro que fue conde de Castilla y llegó a ser rey de León junto a su esposa, Doña Sancha;
  • Alfonso VI, el conquistador de Toledo, cuya figura ha quedado injustamente ensombrecida ante un Cid al que endiosaron los juglares y Menéndez Pidal;
  • Alfonso VII, que llevó a su máxima expresión el título de Emperador de las Hispanias y tuvo como vasallos a los demás reyes peninsulares;
  • Fernando II, el rey casi desconocido que supo domar a los jóvenes reinos independientes de Castilla y Portugal;
  • Y, finalmente, Alfonso IX, quien convocó las primeras Cortes de la historia en las que el pueblo llano tuvo representantes libremente elegidos, creó la Universidad de Salamanca, y reconquistó casi toda la Extremadura Leonesa.

Los emperadores leoneses (sobre todo Alfonso VI y Alfonso VII) fueron reconocidos como tales por los demás monarcas cristianos de la Península, e incluso por varios cronistas del resto de Europa, y se puede decir que con ellos resurgió, si bien brevemente, la idea de una Hispania unida. A pesar de ello, León supo respetar las identidades y personalidades de los demás reinos que se encontraban bajo su égida, una tolerancia que acabó prácticamente en el año 1230, cuando fue absorbido (o más bien abducido) por Castilla a causa de los juegos dinásticos de la época.
Pero la historia del Reino de León es también la historia de sus gentes. Campesinos, artesanos, comerciantes, plebeyos y nobles. Toda una serie de personajes anónimos, muy pocos conocidos, que contribuyeron decisivamente a su grandeza.
¿Qué nos queda de aquel reino?
Para empezar, el reino de León sigue existiendo, y para comprobarlo basta con echar una ojeada al escudo de España (algo fácil en estos días), porque su emblema ocupa el segundo cuartel.  Además, nuestra tierra es la segunda de las intitulaciones de Juan Carlos I, que todavía firma sus documentos más solemnes como rey de Castilla, de León, de Aragón, etc.
Por otro lado, y aunque parezca mentira, todavía conservamos muchos legados de aquellos tiempos, como, por ejemplo, los cada vez más famosos pendones leoneses, que en la Edad Media eran portados a la batalla por las milicias de los pueblos.
También ha llegado hasta nosotros la forma en la que los leoneses nos hemos gobernado durante siglos, y que hoy en día corre peligro de extinción: me refiero a nuestros concejos o juntas vecinales. Esperemos que las sombras que se ciernen sobre ellos desaparezcan pronto, porque de lo contrario seremos testigos de la desaparición de una de nuestras principales señas de identidad y que, como digo, hemos heredado directamente de los gloriosos tiempos de nuestro reino de León.
Para ir finalizando, me gustaría celebrar esta presentación conjunta del vino “1100 Años del Reino de León” y de nuestro libro “El Encargo del Rey”, ya que podría decirse que ambos nacieron a raíz de la efeméride del 2010: 

  • Por un lado, el vino de nuestro amigo José Luis Prada está elaborado con la uva mencía cosechada ese año en su Viña San Martín (que, por cierto, comparte nombre con el protagonista de nuestro libro, Fray Martino). 
  • Y por otra parte, porque también fue en 2010 cuando recopilé el material histórico necesario para “El Encargo del Rey”. 

Es decir, aunque este vino y este libro han visto la luz este año, ambos fueron concebidos en el 1100 aniversario de nuestro reino: uno fue fruto de una cosecha de uvas, y el otro de una cosecha de ideas. Espero poder brindar por ellos con todos ustedes dentro de unos momentos. Muchas gracias.

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