Riaño Vive…en Hans Gadow

26 ene 2012 0 comentarios

Portada con dibujo de acampada en algún lugar entre Llánaves y Portilla.
Hans Friedrich Gadow , un prestigiosocientífico alemán afincado en Inglaterra nos ha dejado el documento gráfico másantiguo que conocemos de la Montaña de Riaño. Además, de su propio testimonioen el relato de sus viajes realizados en el año 1897 Por el Norte de España, tal como el mismo titula su libro.
         Venido desde Potes a través del puerto de San Glorio; con su mujer, su guía y una burra, después de pasar por los pueblos de Llánabes, Portilla, Barniedo, Villafrea. la Villa y Pedrosa, …
A su paso por Villafrea, este es el aspecto que el pueblo ofreció a la camara de Hans Gadow .

…así relata el autor en un pasaje de su libro, su esperada llegada a la localidad de Riaño:

Entramos en el lugar por el camino másmugriento imaginable: agua de riego, pilones para el ganado y arroyuelosllenándolo todo de fango. No estaba adoquinado ni tenía firme; el camino estabaflanqueado por las casas diseminadas, algunas de ellas con techo de paja:¡resultaba que esto era Riaño…! El propio lugar no es facil de describir, perolas fotografías pueden dar un idea de su atractivo…
…en la Plaza del Mercado de Riaño (León). (Foto: Hans Gadow 1897)



Sorprende Riaño sobremanera a este viajero-científico alemanoinglés. Su paisaje urbano y elcarácter de sus gentes; al igual que le pasara 6 años antes al geógrafo francésllamado conde de Saint-Saud, en sus expediciones por los Picos de Europa.

Hans Gadowviajó desde Hondarribia en el Pais Vasco, pasando por Cantabria, Asturias, Leóny Galicia. A su paso por nuestras montañas dedicó un capítulo a Riañodejándonos como hemos dicho, un valiosísimo documento histórico, especialmente porsus fotografías (la plaza del Mercado, el carro chillón, el potro…) 
         También, son dignas de resaltar sus narraciones escritas decuantas cosas vivió en convivencia con los lugareños, a los que a modo decuriosidad comentamos, no deja en algunos casos muy bien parados. Cosa quetambién sucedió con Saint-Saud.
Lejos de quejasy controversias, el libro es un preciado legado para quien sea un amante de lahistoria de nuestras montañas, que nos ofrece además información científica; peropor encima de todo, es el relato de un viajero que iba Por el Norte de España en el año 1897 con credenciales deautoridades locales para ser bien recibido y durmiendo en posadas o casasparticulares salvo algunas noches que lo hizo en su flamante tienda de campaña,siempre acompañado de su mujer. Imaginamos que impresión causarían en aquellosdías a las gentes del lugar, al verles y tomar contacto con ellos. Debió de sercomo poco, chocante para estas gentes de vida ruda y sacrificada, ver acampadosen el lugar mas insospechado del monte a esta distinguida pareja con su guía; viendopasear a una mujer con una sombrilla de volantes de encaje sobre su cabeza.Podríamos definirlo también como una cómica distinción.
         Riaño, bromas aparte, fue una plaza que causó impresión en Hans. Especialmente por suarquitectura popular, es decir,  por lascasas que las mismas personas que las habitaban, habían construido con suesfuerzo y con el de sus parientes, vecinos y amigos. Parte de ellarepresentada por los entonces omnipresentes hórreos, que ocupaban cada rincóndel pueblo. Había 88 hórreos declarados solo en Riaño en el Catastro deEnsenada de 1752 y suponemos que a juzgar por las fotos de Hans Gadow, en 1897habría pocos menos. Cuesta trabajo creerlo para los que nacimos entrado elsiglo XX que ya no vimos ni uno.  Quedura puede ser la historia consigo misma; este es un buen ejemplo.
         Imaginamoscuanto jugarían a su alrededor los niños de entonces en sus corrales; siemprecon el hórreo presidiéndolos y haciendo con su presencia que todo pareciera unpoco mágico. Nos referimos a los niños porque seguro, si hubiera sido cosa suyase hubieran salvado muchos. Los mayores los construyeron y los utilizaron ycuando ya no sirvieron, los quemaron en la lumbre de casa hechos astillas ytrambos. Con  mas agravio si cabe, pues aquellos que los quemaron no fueron quieneslos construyeron. 
         Hoy, después del gran desastre del Apocalipsis de los pueblosde la montaña, hablar de hórreos es casi como hablar de la más viejaprehistoria perdida pero afortunadamente, aun nos quedan unos pocos.
A estos viejossupervivientes, los más antiguos testigos de nuestra cultura, no sería malaidea darles generosamente el protagonismo que se merecen y que durante siglos ysiglos, sin quererlo, tuvieron.
         Este es nuestro grito: EL HORREO, de nuevo, A LA TRIBUNA DEL PUEBLO.
…Y desde aquí, elviajero siempre acompañado de su mujer, continuó ribera del Esla abajo camino de su siguiente capítulo: la ciudad deLeón.
Buen viaje. ¡Gute ReiseHans!

RIAÑO VIVE
Plataforma por la Recuperación del Valle de Riaño

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