San Martín

15 ene 2012 0 comentarios

Este barrio se encuentra agolpado en torno a su esbelta y singular torre parroquial, fue en su tiempo, centro de toda la vida gremial y mercantil del viejo León. Intrincadas calles, con sus rótulos nos recuerdan los diversos menesteres artesanales de sus pobladores. Así: Ollería, Cardiles, Varillas, Zapatería, Casquería, Tripería, Frenería, Platería, Azabachería… Otras calles nos traen los nombres de historias y leyendas del pasado, como la del astuto judío Mulhacín. La calle Matasiete, testigo de un y sangriento encuentro, por cuestión de amores de la bella y cortesana Doña Leonor de Guzmán, entre los Castros y los Laras. En un recoleto rincón de esta calle una hornacina con lámpara de aceite encendida acoge al Cristo testigo de este suceso, el Cristo de Matasiete.

Calle de Santa Cruz, cuyo nombre evoca la “purificación” de un lugar que fue habitado por judíos y moros.

Plaza de las Tiendas, ahora de San Martín, en otro tiempo dividida en dos partes con dos travesías de comunicación y separadas por la imprenta de los Minón, impresores franceses. la Travesía de Carnicerías, en el edificio que llevó el mismo nombre. La dos sugestivas plazas de antaño se han abierto en la espaciosa plaza que hoy existe, convertida hoy en animado centro donde acuden muchos leoneses a practicar las buenas artes del ocio, que son la plática cordial, el buen comer y el mejor beber.

Viejos figones, tabernas y mesones se han ido transformando en parte con el tiempo. Pero los lugares quedan. Por detrás de los nombres actuales, los viejos nombres: Mesón del Pardal, el de la Cuba y el de Aldonza. Esta es la tradición tabernaria y mesonera que no se ha perdido y que ha hecho que en la actualidad este caracterizado lugar sea conocido con el popular nombre de “Barrio Húmedo”.

Bajando bien por la calle de Matasiete, bien por la Plegaria, nos encontramos con la grande y porticada Plaza Mayor. Edificada en la segunda mitad del siglo XVII, es una de las más características de las plazas mayores españolas. Estilísticamente se clasifica como transición del estilo austríaco al borbónico. Es de destacar en ella el elegante consistorio, o a mejor decir, “Balcón de la Ciudad”, construido en estilo prechurrigueresco, siendo obra del arquitecto Pedro de Hoyo. Para su construcción se dio una real orden para la cual un corregidor para el caso recababa la sisa por cántaro de vino consumido en la ciudad y su alfoz.

Un incendio, en el siglo XX, destruyó la zona central frente al consistorio, y en su lugar y con buen acierto fue levantado un edificio en consonancia con el estilo de la plaza y rematado en chapitel austria, por el arquitecto Prudencio Barrenechea. Esta plaza fue escenario, en días tristes y de júbilo, de ajusticiamientos, corridas de toros, proclamaciones reales, nacimientos de Infantes, pregones públicos a son de corneta y tambor y hasta no hace muchos años, lugar de solaz y paseo de los mayores de la ciudad.

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