Santa Marina

15 ene 2012 0 comentarios

A este barrio se le ha considerado tradicionalmente, como el del rancio abolengo leonés, debido a la multitud de palacios y casas nobles establecidas en su feligresía. Este dato no es muy preciso, puesto que, primitivamente, esta zona dependía de la desaparecida parroquia de San Pedro en San Isidro el Real, la cual desempeñaba sus servicios en uno de los ábsides de la basílica de San Isidoro; éste es el motivo por el cual las linajudas familias leonesas -Omañas, Salazares, Cármenes, Castañones, Ferreras, Llamazares, Lorenzanas…-, como feligreses de esta parroquia, se enterraban en el claustro de San Isidoro.

La parroquia de Santa Marina como tal, estaba ubicada hasta el año 1770 en el lienzo norte de la muralla, en la calle que como recuerdo lleva actualmente su nombre. Era barrio de labradores y de escasa nobleza. El mas importante de ésta era el vizconde de Quintanilla, que tenía silla propia en esta iglesia. De esta misma rama eran los Tapias, familia de la que surgió un vástago del siglo XVI llamado Gonzalo de Tapia, protomártir de Sinaloa (Méjico), autor de una Gramática en lengua indígena adaptada con música.

Típicas plazas y recoletas calles dan sabor a esta popular barriada. Así, el Corral de San Guisán, testigo del levantamiento local contra los franceses en la guerra de la Independencia. En este sitio fueron acorralados y aniquilados los leoneses sublevados contra Napoleón.

Otro lugar sugestivo del barrio es la placita del vizconde de Quintanilla. De particular encanto, la calle de Descalzos, que nos recuerda la presencia de estos frailes que habitaron en el desaparecido convento de San Froilán, ubicado en la actual plaza de Santo Martino.

El Arco de Puerta Castillo es el único que se mantiene en pie de las antiguas puertas de la ciudad y cuya edificación data de la segunda mitad del siglo XVIII. Sobre él, la aguerrida figura de Don Pelayo. Junto al arco, de un lado, residía el gobernador de la plaza. En este mismo lugar, adosado también al arco, del otro lado, existe todavía el viejo caserón, de elegante porte, denominado de los Niños Expósitos. Una hermosa imagen gótica de la Virgen, llamada la Blanca, fue testigo de los niños abandonados y que eran recogidos en este caserón.

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