Sentido común – Razones para una manifestación

26 may 2006 0 comentarios

Hay verdades que, aunque mil veces repetidas, parecen inasumibles para algunos; vaya aquí un pequeño decálogo (no pretendemos indigestar a nadie con excesiva información), a modo de recordatorio:El Reino de León ni ha sido ni podrá ser nunca parte de Castilla la Vieja (“León no es Castilla, aunque lo haya dicho Martín Villa ” o lo repita un coro de miles de analfabetos en historia y/o Geografía).

La incorporación de León al “ente castellano-leonés” se hizo con alevosía, engaños, mentiras, ilegalidades y, lo que es peor aún, contra el sentir popular.

La voluntad de un pueblo está por encima de los intereses de los grupos políticos, lo contrario sería despotismo (ilustrado o ignorante) o, en lenguaje más actual, puro caciquismo fascista.

El único argumento esgrimido para nuestra integración en el “ente” castellano fueron ciertas “razones de Estado”, nunca explicadas hasta el momento.

La permanencia en el error no sólo no hace que este se convierta en verdad sino que es fuente de mayores injusticias, eso sí, con apariencia de legalidad.

Si se retocan la Constitución o los estatutos de autonomía, ¿que razón poderosa existe para que no se pueda hacer lo mismo con el de Castilla y León? Ha llegado la hora de dar la palabra y el poder de decisión sobre su futuro al pueblo leonés y no imponerle la razón de fuerza de un Boletín.

Solo un proyecto común e ilusionante (la recuperación de su autoestima y su identidad) hará despertar al pueblo leonés de la modorra, la abulia y el conformismo en el que le han sumido alguno “profesionales de la política”, y determinados inventores o “utilizadores” de grandes y huecas palabras.

Somos leoneses, y orgullosos de serlo, sin tener que pedir perdón por ello y tenemos la obligación, y el derecho, de luchar por la tierra que heredamos (aún fuera de la militancia política o prescindiendo de cuál ésta sea).

El respeto y el aprecio por nuestra historia, nuestra cultura y nuestra singularidad son tan sagrados y tan dignos de consideración como pueden serlo la defensa del hecho diferencial vasco, la cultura catalana o la existencia de las Comunidades de Andalucía, Valencia o Extremadura (por cierto, nacida del Reino de León, como varias más); las risitas, los chistes o las bromas de café sobran en debates de la importancia del que nos ocupa.

En resumen: nos asiste el derecho, que “quien usa su derecho no daña a nadie” y que reclamamos que, en justicia, se aplique a esta tierra la misma vara constitucional de medir (“todos los españoles son iguales ante la ley”) que en el resto de los territorios del Estado; que el debate abierto sea transparente, sin condicionantes previos ni ideas preconcebidas; que los partidos políticos hagan, con valentía, su autocrítica y no teman transitar por caminos alejados del rebaño y que se permita opinar también a los diferentes colectivos ciudadanos, puesto que esa es la verdadera democracia, el gobierno del pueblo, sin dirigismos ni propagandas alienantes, felizmente superadas.

¡EL PUEBLO LEONÉS EXIGE RESPETO PARA SU CULTURA, LENGUA E IDENTIDAD!

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