Viggo Mortensen y Yanes estarán en León para presentar «Alatriste»

20 ago 2006 0 comentarios

El actor neoyorquino, un enamorado del Viejo Reino, cumplirá la promesa que hizo hace un año

El Emperador acogerá, el 1 de septiembre, un estreno patrocinado por Diario de León Desde que el 27 de febrero del pasado año Viggo Mortensen decidiera que su personaje del Capitán Alatriste tendría sus raíces en la montaña del Curueño, León no ha dejado de ser noticia en las miles de páginas web de todo el mundo que tienen como protagonista al actor norteamericano. Es tal su poder de seducción, y no sólo entre el público femenino, que últimamente se han detectado verdaderas avalanchas de rumores y de peticiones de información tanto sobre el actor como sobre la esperada película de Agustín Díaz Yanes y, sobre todo, acerca del compromiso de Mortensen con el territorio leonés ante el inminente estreno del filme. Desde los países más orientales como Japón, China, Rusia o los Balcanes, hasta Europa, las Américas y Australia, se han recibido las más diversas peticiones sobre la promesa que Viggo Mortensen diera en su día al Diario de estar presente en el estreno de la película Alatriste en nuestra ciudad.

Ahora sí podemos decir a todos ellos, pese al confusionismo de fechas creado por distintos medios de comunicación, que efectivamente Viggo Mortensen cumple sus promesas y estará en León el 1 de septiembre coincidiendo con el estreno mundial del filme del realizador Agustín Díaz Yanes, quien le acompañará haciendo honor a las palabras que nos concediera en su entrevista en Uclés el pasado verano: «Donde vaya Viggo, voy yo».

Con motivo del Centenario

Diario de León, y más concretamente su ciclo de actos en homenaje a los cien años que cumple el periódico, será el patrocinador oficial del evento que tendrá lugar en el teatro Emperador el primer día de septiembre a las 22.00 horas, con la presencia de las mencionadas personas y de una actriz aún por confirmar, pero que podría ser Ariadna Gil o Elena Anaya.

Son muchos los aficionados que tienen previsto trasladarse hasta la ciudad para seguir de cerca el acto y asistir al estreno mundial de una película que toca una época crucial en la historia de España, en pleno desmoronamiento del viejo imperio creado por el emperador Carlos V, y donde los temidos tercios de Flandes tuvieron tan especial y dramático protagonismo, como muy bien ha quedado reflejado en las universalmente leídas novelas del periodista y novelista Arturo Pérez-Reverte.

Ya desde la primera entrevista que Viggo Mortensen concediera a este periódico, el actor dejó muy claro que Alatriste procedía de la montaña del Curueño. El carácter «escueto» de sus gentes, la manera de expresarse directa y tajante, el hecho de ser hombres duros y al mismo tiempo leales y abiertos cuando uno consigue traspasar la frontera de la cautela frente al extraño, calaron hondo en él.

«No me ha sido difícil componer mi personaje después de haber convivido con las gentes de Valdeteja y sus alrededores», nos dijo, y parece que además se sintió muy a gusto entre ellos, ya que regresó en varias ocasiones incluso después de haber concluido el rodaje.

Así, se le pudo ver en el mes de junio del pasado año acompañado por una unidad de filmación de la película haciendo tomas en Valdeteja bajo un fuerte aguacero, tomas que no se verán en la película pero muy probablemente en los extras del DVD del filme.

Pocos días después de este hecho, al caer la noche, regresó a Valdeteja, trayendo un enorme cargamento de cucherías para los niños del pueblo que ya saben que cuando llega Viggo nunca viene con las manos vacías. Allí, en el bar de Anabel, parecía a Jesús entre los niños. Una veintena de chiquillos revoloteaba a su alrededor viendo como Viggo sacaba de un saco camisetas, dulces, chocolatinas, caramelos, que iba repartiendo cual improvisado Santa Claus, a cada «rapaz», ante la mirada entre atónita y complacida de los parroquianos que ya consideran al «amigo americano» uno más del pueblo.

Mortensen y La Robla

Aquella noche dijo que regresaría dentro de algunos meses. Y el tiempo pasó y los lugareños pensaron que Alatriste les había olvidado. Pero la palabra de Viggo es ley. Y el día 3 de marzo de 2006 le volvimos a ver en León. Regresó como suele hacer siempre, precedido de noticias de toda índole y de un gran regalo para los leoneses: su último libro, Linger .

«Espero que te guste -nos había comentado ya en Uclés- verás algunas fotos curiosas de tu tierra» mientras me mostraba un crepuscular paisaje plagado de nidos de cigüeñas. «¿Tu sabes cual es el pueblo donde vi más cigüeñas?, ante mi sorpresa, respondió: «está cerca de La Robla». ¿La Seca?, pregunté. «Sí, ese es». Cuando tuve en mis manos la cuidada edición de Linger con la preciosa fotografía de Cádiz en la cubierta, comprobé que junto a otras muchas tomadas en distintos lugares del mundo había un apartado especial dedicado a León, y entre ellas aquella famosa de las cigüeñas. Una vez más me vinieron a la memoria sus palabras de despedida en Uclés, donde se rodaron las escenas de las grandes batallas: «¡Huye de las autovías!, toma siempre las rutas apartadas, las que no vienen marcadas en los mapas. Piérdete sin prisas en los paisajes, con las gentes que encuentres. Retrásate ( Linger ). No tengas prisa por llegar».

Entre las numerosas anécdotas que salpican las muchas visitas que Viggo Mortensen ha realizado a León y, en particular, al valle del Curueño, nuestra favorita es la acontecida un lluvioso domingo en el que dos vecinas de Valdeteja compartían entusiasmadas la lectura de uno de los especiales dedicados por este periódico al actor.

Un tanto contrariadas por la mala suerte que habían tenido al no haber coincidido en su propio pueblo y en el bar con Viggo, se deleitaban ojeando una y otra vez las anécdotas y las fotografías de las páginas que tenían entre sus manos. De pronto, una de ellas levantó la vista y a través del cristal de la ventana, descubrió la figura de un hombre alto, fumando apoyado al lado de la fuente.

Bajó la vista, miró el periódico y luego otra vez al hombre y casi sin poder articular palabra le dijo a su amiga: «Pero¿, ¿ese que está ahí, no es el mismo de la foto¿.?». Su amiga hizo lo propio y se convenció de que, efectivamente, eran la misma persona. Pero lo más curioso es que en lugar de salir a hablar con el actor, cortadas, se miraron, bajaron la vista y sin mediar palabra continuaron su lectura. Viggo tiró el cigarro, miró al soslayo, fuése y no hubo nada.

León no va a figurar en ninguna de las escenas de la película, debido en parte a que el guión y los exteriores se hicieron antes de que Viggo llegara al Curueño, y aunque el propio convento de San Marcos fue prisión durante ocho años de Francisco de Quevedo, en la ficción íntimo amigo de Alatriste, sin embargo el propio Mortensen nos reveló que había conseguido incluir en algunas tomas, y fuera de guión, alusiones a «la tierra de Alatriste».

«No sé si conseguiré que Díaz Yanes las mantenga tras el montaje, pero hay un plano de interiores rodado en Úbeda, en el que entro en una estancia cuyo suelo está cubierto de mosaicos con leones. Aprovechando que la cámara se dirige a mis botas, doy un paso atrás porque pienso: León no se pisa». A lo que Yanes, que estaba presente, asiente y apostilla: «¡Si sólo fuera eso¿!». Y es que Viggo habla con pasión y entusiasmo de nuestra tierra a todo el que se le acerca.

Cuando el director Agustín Díaz Yanes oye hablar de León a Viggo Mortensen (¡otra vez!) suspira… y mucho suspiró también cuando hubo de «aguantar» las continuas peticiones que le hacía el actor neoyorquino para introducir algo de lo leonés en la película. El cineasta incluso tuvo que alterar el guión de ciertas escenas para meter alguna «morcilla», como cuando Francisco de Quevedo (papel interpretado en la película por el actor Juan Echanove) hace alusión a la tierra leonesa quejándose del frío, de lo inhóspito de su estancia mientras estuvo recluido en San Marcos… a lo que Alatriste comenta: «Sí, pero también es tierra de hombres de gran corazón». Hay que recordar, además, todas las veces que Mortensen ha aparecido con su camiseta de León (por ejemplo, en Cannes), o cuando ondeaba la banderina en pleno rodaje de Alatriste .

Miguel Angel Nepomuceno

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